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Así las cosas, con la serenidad que exige el momento

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16.02.2026

La madurez política de un movimiento social como el de la Cuarta Transformación comienza cuando asume la responsabilidad institucional de una nueva realidad social y deja atrás la narrativa de resistencia, pero sin traicionar sus principios y compromisos con la ciudadanía que la llevó al poder. Esto es fundamental para entender los sucesos de los días pasados y, sobre todo, los compromisos que se avecinan en los procesos electorales de 2027.

La lucha de Andrés Manuel López Obrador para llegar a la Presidencia de la República en 2018 no puede comprenderse sin el gran apoyo que tuvo por encabezar las causas sociales más importantes para el pueblo. El movimiento que lideró tuvo la participación más alta en décadas, alcanzando el 53% de los votos, y fue refrendado en 2024 cuando Claudia Sheinbaum obtuvo casi el 60% de los sufragios; además, logró ganar en 31 de los 32 estados del país, consolidando una base nacional amplia y sólida.

Estos datos son un reflejo del posicionamiento de la Cuarta Transformación como fuerza gobernante establecida, afrontando las decisiones y responsabilidades propias de un Estado en proceso de evolución constante hacia un país con bienestar y con muestras claras de un mejor futuro para todas y todos.

Más allá de las discusiones estériles, sobre todo las propiciadas por una parte de la oposición que no encuentra otra agenda que la de atacar por sistema, los datos muestran una mejora en las condiciones de vida de la población. Según datos del INEGI, entre 2018 y 2024 se logró una reducción significativa en la pobreza, con más de 13 millones de personas que salieron de esa condición; a eso debemos agregar que se triplicó el salario mínimo, contribuyendo a mejorar los ingresos reales de las familias mexicanas.

La economía ha resistido e incluso mejorado ante condiciones internacionales tan adversas. Mientras otros países han sufrido el embate de políticas proteccionistas de potencias internacionales, México ha logrado avances significativos. El PIB ha comenzado su recuperación tras la pandemia y el peso ha permanecido fuerte frente al dólar; incluso algunos analistas especializados han sugerido invertir en el peso mexicano antes que en la moneda estadounidense.

La atracción de capitales demuestra la credibilidad en la estabilidad económica de México; por supuesto, debemos entender que esto no se logra sin estabilidad y elementos claros de madurez política. En 2025, nuestro país registró cifras récord de Inversión Extranjera Directa, con flujos superiores a periodos recientes, tal como lo reportan sectores financieros especializados, sobre todo a partir de la implementación del Plan México.

También debemos partir del hecho de que las condiciones económicas no tienen sentido si no se reflejan en el bienestar de las y los mexicanos; por eso, haber convertido políticas extraordinarias en estructuras sociales estables es fundamental para consolidar los avances. Programas como las pensiones para adultos mayores, las becas y apoyos para jóvenes y madres de familia han podido ser ampliados y mantenidos durante los gobiernos de la transformación gracias a la madurez y compromiso con los más pobres.

En el movimiento de la Cuarta Transformación hemos transitado de ser un proyecto enérgico a una responsabilidad institucional y a un gobierno comprometido con sus raíces. La madurez política no debe medirse por la velocidad de los procesos internos, sino por la solidez del proyecto colectivo y, sobre todo, por la atención a los retos estructurales que implican las condiciones cambiantes de la actualidad.

En este momento, la responsabilidad más grande es entender que no debemos confundir la fortaleza del movimiento con intereses que pueden distraer el objetivo central. La Cuarta Transformación ha demostrado que sabe ganar elecciones, pero eso se debe al impulso de reformas que benefician al pueblo y al sostenimiento de una agenda social con resultados medibles y beneficios tangibles. Hoy, el llamado de la presidenta Sheinbaum es claro: cuidar la unidad y fortalecer la institucionalidad, porque solo de esa manera el proyecto trascenderá las coyunturas personales. El poder no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para servir a los demás.


© El Diario