Así las cosas, con Juárez y el empleo
Ciudad Juárez no puede darse el lujo de equivocarse en el tema del empleo. El tema es importante, no solo por el impacto local, sino porque esta frontera es uno de los polos manufactureros de México. De acuerdo con datos del Desarrollo Económico del Norte y el INEGI, más del 50% de la población ocupada depende directa o indirectamente de la industria manufacturera de exportación.
Entre 2024 y 2025, se registraron ajustes en el empleo manufacturero, derivados de reacomodos en las cadenas globales, la automatización de procesos y la desaceleración en pedidos internacionales. Esto ha traído como consecuencia la reducción de plazas laborales, el manejo de los salarios de los trabajadores y, por lo tanto, el consumo en el comercio local, la vivienda y los servicios.
Juárez ha tenido un gran éxito bajo el modelo maquilador tradicional; en ese sentido, ya no estamos ante una crisis terminal, sino ante una transformación estructural donde competir en costos laborales ya no es sostenible ni prudente. Ahora estamos enfrentando modelos productivos donde la automatización y la inteligencia artificial están jugando un papel preponderante en la reducción de puestos operativos y aumentando la demanda de técnicos especializados. Hoy debemos entender que en el mundo industrial la mano de obra barata ya no impacta tanto; por el contrario, ahora lo determinante en las decisiones de inversión es el valor agregado y la especialización.
La frontera chihuahuense entiende perfectamente que, con cada empleo perdido, hay una afectación al ingreso familiar, una mayor presión financiera y, sobre todo, más vulnerabilidad social. Las pérdidas de empleo colocan en una situación de vulnerabilidad a las madres, a los jóvenes y a los jefes de familia. En una ciudad como Juárez, el empleo formal también es un factor de estabilidad social y de seguridad, y un instrumento para reducir la informalidad, la precariedad y la migración forzada.
Con esto no estoy diciendo que debemos defender un modelo industrial pasado, sino construir el siguiente nivel industrial de Juárez. Esto significa que, como ciudad, impulsemos certificaciones técnicas en las ramas de la automatización, el mantenimiento industrial, calidad, metrología, logística y análisis de datos; todo bajo los nuevos estándares de la industria. Los gobiernos debemos entender que simplificar los trámites y fortalecer la infraestructura nos ayudará a mantener la competitividad.
Para la Cuarta Transformación, el empleo es un eje fundamental del bienestar social; por eso hemos trabajado para mejorar las condiciones salariales y para fortalecer el proyecto de desarrollo nacional basado en la justicia, la equidad y el progresismo. En este tema, la frontera debe ser parte activa del proceso de transformación económica del país.
México vive un momento estratégico con el fenómeno del nearshoring y Juárez puede convertirse en un ejemplo de cómo la política industrial nacional se traduce en empleo de calidad. Para ello se requiere coordinación interinstitucional, para que la inversión que llega al país se distribuya con equilibrio regional, pero donde las ciudades que ofrezcan mayor competitividad sean punta de lanza en la estrategia.
Como país, de 2018 a la fecha, hemos avanzado en la lucha contra la precarización laboral. Como gobierno, entendemos que la modernización industrial debe ir acompañada de mejores capacidades en las personas, pero también de mejores ingresos. El objetivo es generar empleos más calificados y con una remuneración justa, equilibrada y socialmente adecuada. Esto solo lo podemos lograr fuera de radicalismos y sin ideologías que obstaculicen el desarrollo económico de los juarenses.
Chihuahua y, en especial, Juárez no están para posturas rígidas; el empleo no se debe convertir en una bandera ideológica ni en un terreno donde los partidos políticos se enfrenten sin considerar la complejidad técnica de los temas. Cuando las decisiones públicas se toman desde la estridencia y omitiendo la realidad regional, quienes terminan pagando el costo son los trabajadores, los productores y las familias.
Gobernar una ciudad como Juárez exige carácter, pero también prudencia; exige convicciones, pero también capacidad de escuchar. La experiencia enseña que no hay administraciones perfectas, pero sí hay liderazgos que aprenden, corrigen y construyen estabilidad y corrigen cuando es necesario. En una frontera donde el empleo, la inversión y la seguridad dependen de la confianza, el perfil que se requiere no es el de la confrontación permanente, sino el de quien sabe dialogar con todos los sectores sin perder el rumbo social. Juárez necesita resultados, no estridencias; necesita equilibrio y capacidad de gobernar en serio.
