Charlar un rato contigo
Hace ahora un siglo justo. A finales del mes de febrero de 1926, el capitán de infantería Rafael García Ledesma se pudre con sus cuarenta ... soldados en la posición avanzada de Tauria Tausat, no lejos de Tafersit, en el Rif, la región oriental de la franja norte de Marruecos administrada por España. Rafael lleva siete meses sin permisos, tres años de guerra, y aún le quedan cuatro más en África. La situación está más o menos tranquila, pero en esos tres años se ha visto más de una vez con el agua al cuello. Sobre todo, en las operaciones del otoño de 1924.
Echa de menos a su familia: a su mujer, Pepita, y a sus dos hijos pequeños. Desde que se casaron, en junio de 1922, apenas han convivido. En 1924, destinado en Tetuán, Rafael cometió el error de llevarse a su esposa y al hijo que entonces tenían, pero los rebeldes atacaron en todo el frente, el Ejército español hubo de retirarse y, temiendo que pudiera caer la ciudad, Rafael metió a su familia a toda prisa en el tren de Ceuta, que llevaba delante y detrás soldados con ametralladoras para repeler los ataques. Pepita y el niño regresaron a Ibiza, de donde es la pareja.
Para hacer menos dura la ausencia y la separación, Pepita y Rafael se escriben febrilmente. Él, aficionado a la fotografía, le manda instantáneas de todos los lugares por donde pasa. Ella le envía fotos suyas y de los niños. Para que sean más económicas, no sólo ha aprendido a hacerlas, sino también a revelarlas.
Esas cartas y esas fotografías se convierten en una peculiar historia de la guerra de África, a través de dos de las personas cuyas vidas trastocó; no el relato épico de generales y batallas, sino algo más modesto y verdadero, repleto de detalles que con innegable acierto ha recogido José Miguel L. Romero en un libro editado por el Consell d'Eivissa y que se titula 'Quiero charlar un rato contigo': lo que se dicen los dos esposos al comienzo de sus cartas, con las que tratan de suplir esa charla en persona que las circunstancias y la larga guerra les impiden mantener.
Es un hermoso ejercicio de memoria, tan humilde como exento de los artificios usuales, y que proyecta una luz dolorosa sobre aquel pasado no tan remoto. Después de estar ocho años separados, los esposos apenas vivirán seis años juntos. Él será uno de los muchos arrollados por el torbellino de la guerra civil. Muere Rafael en las filas del bando nacional, pero podría haber caído igual en las del otro. Pepita tendrá que sacar adelante, sola y viuda, a sus cinco hijos. Como tantas otras madres.
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