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Aquí

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Al final del partido del otro día de la Real (ese no, el del Getafe) un jugador rival acudió al micrófono de la tele a ... criticar a Oyarzabal y llegar a la conclusión de que 'esos son los valores que tienen aquí'. Y esa palabra, aquí, generó un vacío metafísico.

Aquí. Si no fuera por la identidad del autor, la frase podría haber sido considerada una cumbre de la semiótica. Podríamos estar ante el nuevo Umberto Eco. Aquí, principio de todo. Una palabra, cuatro letras.

Ahí está a todo, una visión del mundo. Aquí, frente a un allí concreto, indiscutible, tanto que no hizo falta especificar. Un aquí inmutable, el elefante en la habitación. Aquí y allí. Un análisis sociológico, histórico. Social. Semántico. Antropológico. Cuatro letras para explicar el mundo, una precisión que ya quisieran para sí muchos catedráticos de filosofía.

Aquí, un aquí absoluto. Cuando el futbolista construyó este edificio dialéctico, aquí, hablaba para otras plataformas, no para el micrófono de la televisión que tenía delante. Una disociación. Una violencia irreal. Una discusión de tráfico, pero dentro del coche. Cuando los conductores bajan al asfalto, decae el ardor guerrero. Una comitiva se presenta en la puerta de vestuario, acusado y testigos. No es para tanto. En las redes sociales la violencia es absoluta; cuando el asunto se trata cara a cara, pelillos a la mar. Me has entendido mal, yo no he dicho eso. No habrá duelo al amanecer bajo el puente de Egia. Like.

Aquí. Allí no somos así. Una dicotomía categórica, primitiva, vigente. Esos son los valores que tienen aquí. Códigos distintos.

Qué complicado es esto del fútbol.

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