El estudio como virtud cívica
Francisco de Borja Santamaría
Profesor de Filosofía
Días de vacaciones. Conversación relajada en torno a una mesa. Surge de refilón un tema: la salud pública. La opinión de un comensal –buena gente, ... con gracia, titulado universitario– es rotunda: «¡Bah! La salud pública, ¡menuda fuente de chiringuitos!». Mi pregunta es inmediata: «¿Por qué?». La respuesta también: «Ahí están los observatorios contra la violencia de género, contra la homofobia, contra los abusos... Cuantos más observatorios, más problemas». Y una reflexión para mis adentros: si un profesional universitario ve así las cosas, ¿cómo estará el patio?
Ese es, probablemente, un nivel de análisis medio-alto. Los hay infinitamente inferiores. Nos movemos socialmente con un rigor intelectual de mosquito. Funcionamos con argumentos de trinchera. Absorbemos continuamente ideas procedentes de sectores enfrentados y terminamos contemplando el mundo desde una mirada polarizada. El triunfo de la dialéctica amigo/enemigo de Carl Schmitt trasladada a la vida cotidiana.
¿Hay salida? Alguna siempre hay. Mi propuesta no depende de ministerios, leyes ni instituciones. Como todo cambio profundo, exige una lenta sedimentación social.........
