menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Aliados de tercera

5 0
previous day

A estas alturas de la guerra contra Irán muchas cosas han quedado claras, mas hay una en la que quisiera hacer especial hincapié: cómo los ... aliados árabes de Estados Unidos se han dado cuenta de que, en el fondo, son socios de tercera división. Los países de la Alianza Atlántica lo serían de segunda, de modo que sólo Israel ocuparía un puesto de honor para la Casa Blanca. Estamos viendo de qué forma los ataques contra objetivos iraníes han provocado una respuesta de Teherán hacia infraestructuras energéticas clave de las monarquías del golfo Pérsico, a las cuales, una vez alcanzada la paz, les va a llevar tiempo recuperarse. Así, ha lanzado sus misiles y drones contra Kuwait, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Omán y Qatar, aunque también hacia Arabia Saudí, reino rival dentro de esa dialéctica entre chiísmo y sunismo, pero con el que, gracias a la mediación de China, Irán logró un convenio el 10 de marzo de 2023, viéndose estos lazos reforzados por la masacre de Gaza. Si a ello añadimos la actuación iraní sobre el estrecho de Ormuz, el perjuicio para sus economías es aún mayor, al no poder su petróleo y gas circular libremente.

En consecuencia, la reacción de Irán pone de relieve varios aspectos que debemos tener en consideración. El primero de ellos es que la influencia de las pequeñas petromonarquías sobre Washington es muy limitada. En la medida en que Estados Unidos tiene intereses militares en ellas, han padecido todo tipo de andanadas, ya que no cuentan con unas defensas tan potentes como las de Israel. A este respecto, los acuerdos de Abraham firmados por EAU y Bahréin con Israel, auspiciados por Trump, de poco les han servido para su seguridad. En segundo lugar, lo mismo se puede decir de Arabia. Siempre se ha insistido en que ésta e Israel eran los dos grandes amigos de la Casa Blanca en la región y de ahí los enormes empeños de la diplomacia norteamericana durante el primer mandato del multimillonario por lograr que Riad firmase los mencionados acuerdos. Por lo que se sabe, parece que el príncipe heredero bin Salmán estaba dispuesto a ello antes del atentado del 7 de octubre de 2023 de Hamás. Con lo que está sucediendo, y pese a los esfuerzos del sanguinario infante por ganar puntos frente a Trump incluso queriendo alargar la conflagración, sabemos que su ascendiente sobre el magnate es mucho menor que el de Netanyahu. Y aquí llegamos al tercer aspecto en el que quisiera detenerme. Porque esas naciones árabes están constatando que los daños en Israel son mucho menores que en sus respectivos territorios gracias a la cúpula de hierro, ese sistema antimisiles que cuesta un dineral y financian Israel y Estados Unidos. Washington proporciona varios miles de millones de dólares al año para garantizar al defensa de Israel. Queda claro, por consiguiente, cuál es el socio número uno de Washington, y no sólo en el Próximo Oriente, sino en el mundo entero: Israel.

Desde su creación en 1948, las diferentes administraciones estadounidenses siempre han apoyado militar y económicamente a Tel Aviv, debido, en gran medida, al enorme peso del lobby sionista (judíos y evangélicos), tal como recientemente ha demostrado Ilan Pappé en un libro sobre el tema. Sin embargo, en la década de los cincuenta, la Casa Blanca ponía cierto coto a las actuaciones israelíes, como se pudo ver en la crisis de Suez de 1956. Cuando el 26 de julio de ese año el presidente egipcio Nasser nacionalizó la Compañía del Canal de Suez, una empresa anglo-francesa, Francia, Reino Unido e Israel orquestaron una acción militar conjunta contra Egipto, muy criticada por Estados Unidos, que, ante la amenaza de represalias por parte de la Unión Soviética, presionó a sus socios para cesar las hostilidades. Todavía en esos años algunos dirigentes del lobby eran acusados públicamente de la doble lealtad, preguntándose algunos críticos si no estaban más pendientes de los beneficios de Israel que de los propios de Estados Unidos. En los años sucesivos, con un lobby mejor organizado, el alineamiento con Israel ya fue total, hasta el punto de marcar la política exterior norteamericana en la región, como demostraron en su día los prestigiosos politólogos Mearsheimer y Walt.

En el fondo, lo que ha terminado por suceder es que Israel se ha convertido en política interior y no en política exterior de los Estados Unidos, y ni siquiera Obama pudo evitarlo, a pesar de los choques que tuvo con el lobby y con Netanyahu. De hecho, hoy en día ya nadie habla de la doble lealtad y no se cuestionan las ingentes cantidades de dólares que se trasfieren a Israel para su defensa (entiéndase, ataques contra los palestinos y sus vecinos). Sólo con esta nueva perspectiva se puede concebir semejante drenaje de dinero hacia otro país. Por eso a mí me resulta difícil de entender cómo el contribuyente medio americano no dice nada sabiendo que una parte de sus impuestos se dirige a Israel a cambio de nada realmente. ¿No le resulta un poco paradójico?

Límite de sesiones alcanzadas

El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.

Por favor, inténtalo pasados unos minutos.

Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.

Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.

¿Tienes una suscripción? Inicia sesión


© El Diario Vasco