No a qué guerra
Fuerzas de la Guardia Revolucionaria de Irán, en unas maniobras en la costa del Estrecho de Ormuz en 2022 / Iranian Army Office/ZUMA Press W
Partiendo de la premisa de que nadie que se sienta seguro –no amenazado con que le invadan, le bombardeen su casa, violen a sus mujeres, cuelguen a los homosexuales o directamente le maten– es partidario de la guerra, es obvio que anunciarlo parapetado tras una pancarta desde las calles y plazas de una sociedad libre y democrática no es sólo cómodo, sino pueril y simplista. Decir que se está en contra de la guerra –como le gusta airear a la izquierda radical cuando les interesa desde una perspectiva netamente electoralista– es lo mismo que decir que se está contra la pena de muerte, el cáncer o la peste bubónica.
Pero cuando la guerra surge, hay que meditar de qué parte se está. Irán, no lo olvidemos, es un país teocrático, regido por un régimen fanático que no sólo mata a sus gentes –se calcula que durante las últimas protestas masacraron a decenas de miles de personas, la mayoría........
