Oda al Proceso
OpenAI planea lanzar su altavoz con inteligencia artificial en 2027 / Europa Press
Cada día nos despertamos con un nuevo logro de la Inteligencia Artificial: Gemini redacta contratos legales que superarían con nota un examen de abogacía; Claude Code detecta vulnerabilidades antes de que el programador termine su café; Midjourney crea portadas dignas de galería en cuestión de segundos; Sora genera escenas cinematográficas foto-realistas a partir de una simple frase; ChatGPT explica física cuántica con paciencia pedagógica o compone sonetos al estilo de Quevedo; AlphaFold predice la estructura de proteínas con una precisión que redefine la biología... la lista parece alargarse cada semana y aunque los nombres de los sistemas cambien, el mensaje es similar: la Inteligencia Artificial vuelve a superarse y, por ende, a superarnos.
La Inteligencia Artificial está diseñada para optimizar el resultado, algo que, sin duda, está consiguiendo, relegando el proceso a una caja negra de cálculos internos (opaca, casi mágica) que se ejecutan sin nuestra participación.
Para los humanos, sin embargo, el proceso es la clave, porque es en el proceso donde ocurre todo lo importante. Aprendemos en el proceso. Nos equivocamos, rectificamos y volvemos a intentar en el proceso. Descubrimos nuestras limitaciones en el proceso. El resultado es, de hecho, el efecto secundario, la cristalización de un largo recorrido. Cuando reducimos la experiencia humana al resultado, amputamos la parte que........
