Gatos y estatuillas
Gatos y estatuillas / El Día
Hoy he soñado que mi vida era normal, con la normalidad de hace diez años. Vivía con mis padres y mi hermano, y Luna, mi gata atigrada, se paseaba por la casa con su orgullo de pantera sometida. Una mañana, mis padres se fueron a trabajar, mi hermano a la universidad y Luna y yo nos quedamos solas. Por alguna razón, me dejé la puerta de la calle abierta y, cuando quise darme cuenta, había entrado otro gato. Era atigrado, como Luna, pero un poco más oscuro y bastante más agresivo. Lo cogí por el cogote y lo eché de casa, llevándome un arañazo de regalo.
Esa tarde, estaba con mis padres en el salón y, de pronto, volví a sorprenderlo junto a Luna. Se lo señalé a mi madre, pero ella no podía verlo. Eso me inquietó. Llegó mi hermano de la universidad y dejó la mochila en el suelo. Entonces, el misterioso felino empezó a afilarse las uñas en ella y yo avisé a mi hermano: «¡Tu mochila!». Pero él tampoco podía ver al gato. Mi inquietud no hacía sino aumentar: ¿por qué solo yo lo veía? ¿Eran las primeras señales de una incipiente esquizofrenia? Fui al baño y me quedé mirándome al espejo, reflexionando. ¿Tendría........
