El Heliodoro, con H de horror
Estadio Heliodoro Rodríguez López.
Este verano escuché a un par de políticos de esta Isla –concretamente a Lope Afonso y Yolanda Moliné– lo contentos que estaban con la inversión realizada por el Cabildo en el Heliodoro Rodríguez López y lo mucho que habían hecho desde la corporación insular por modernizar el estadio y resolver sus carencias. Casi al mismo tiempo también leí en las redes muchas quejas de aficionados indignados con el estado absolutamente deficiente que presentaba la instalación el día del amistoso estival contra el Getafe y luego también en el primer partido oficial del nuevo curso. Así que el pasado viernes decidí inspeccionar por mi cuenta cómo está el Heliodoro.
En esta ocasión no llegué al estadio con la antelación con la que acostumbro (dos horas antes), sino esperé a hacerlo como cualquier aficionado o abonado del Tenerife. La primera imagen que me llamó la atención fueron las aglomeraciones en los accesos –aquí la culpa y la responsabilidad no es del Cabildo– y las largas colas sobre todo para entrar por San Sebastián. Muchos tuvieron que conformarse con disfrutar del partido empezado.
A mi posición en las cabinas de prensa llegué a través del ascensor habilitado para los medios de comunicación. Y caí en la cuenta de que tan solo hay dos elevadores –el otro está ubicado en el palco– en un estadio que quiere llamarse accesible, o inclusivo. Una auténtica aberración para los aficionados con problemas de movilidad.
Los periodistas no solemos quejarnos de las condiciones en las que trabajamos porque entonces pudiera parecer que somos muy mimosos (a lo mejor sí) o que pretendemos un trato privilegiado. Pero conste en estas líneas la sorpresa de algunos de los informadores venidos de Gijón cuando se dieron cuenta de que no había siquiera una nevera con botellas de agua –como sí la hay en todos los demás campos de Primera o Segunda– y que para comprar un par tenían que abandonar su posición de trabajo. Algo absolutamente........
