«Dame tu mano y ven conmigo»
Procesión de Los Palmitos en La Laguna / El Día
Es Lunes Santo. La Semana Santa apenas ha comenzado su itinerario más hondo, y la fe se sitúa hoy en ese umbral donde todavía todo está por decirse en el corazón. No es un día para el estruendo, sino para la súplica; no para las afirmaciones rotundas, sino para la humilde verdad de quien reconoce que necesita volver a empezar. Hay palabras que, en este día, no solo se leen: acompañan. Y este poema de José Luis Blanco Vega, S. J., con su tono orante y su claridad despojada, nos pone delante de lo esencial.
«Libra mis ojos de la muerte; dales la luz que es su destino». El poema comienza pidiendo luz, y no puede haber petición más oportuna para un Lunes Santo. Porque hay muchas formas de oscuridad que no tienen que ver con la noche: la costumbre, el cansancio, la decepción, la rutina interior, la pérdida de horizonte. Se puede mirar sin ver, caminar sin comprender, vivir sin descubrir lo que de verdad sostiene la existencia. Por eso el poeta no pide cosas extraordinarias; pide que los ojos recuperen su destino, que es la luz.
Y enseguida la imagen del ciego del camino introduce una de las notas más hermosas del texto: la humildad. «Yo, como el ciego del camino,........
