Lo difícil que es confesar el fracaso
Ante las truculencias, mentiras, medias verdades, gestos más que elocuentes que actúan como delatores de una personalidad tambaleante que tiene que apoyarse en la evanescencia de una realidad cubierta con el velo de la sospecha, me llega a la memoria una frase que Oscar Wilde escribe en El retrato de Dorian Gray.
«La fidelidad es a la vida de las emociones lo que la coherencia a la vida del intelecto: simplemente, una confesión de fracaso».
Cuando la emoción rodea el discurso y este se prolonga más allá de lo imaginable, porque aún en la distancia suena el aplauso traducido en un apoyo balbuceante, el camino que queda por desandar, los portillos que hay que saltar se interponen ante la lógica que traduce la confesión del fracaso. Ahí la coherencia, el discurso unánime se esfuma, apenas asoma........
