Reflexiones sobre la educación en mi particular vuelta al cole
Estudiantes en el TEA / María Pisaca Gámez
Difícil sustraerse de todo lo que rodea a la vieja pero siempre novedosa sensación de volver a las aulas, tanto a las de la enseñanza primaria y secundaria como a las de los centros docentes superiores; sobre todo, cuando este anual y posveraniego acontecimiento ha sido por muchas razones una constante en la vida de una persona, que, como yo, nunca abandonó las aulas y siempre vivió estos momentos de inicio de un nuevo curso con una ilusión y una curiosidad que desplazaban la posible nostalgia de un verano siempre feliz pero que inexorablemente habría de concluir. Hoy revivo aquellos momentos en medio de la canícula, pues hacerlo supone refrescar la memoria y volver a otros tiempos en los que el clima y la sensación térmica eran lo menos importante.
Con ilusión viví los comienzos de cada curso, pero también con cierta incertidumbre, pues, por muchas razones, las circunstancias de mi entorno no eran las más propicias para escolares celebraciones, pero mis padres, que no conocían precisamente las modernas corrientes pedagógicas, contribuyeron a contrarrestar con los más estimulantes procedimientos mi interés y mi curiosidad, poniendo a mi alcance los escasos medios de que se disponía: un lugar apropiado para el estudio y libros, que recibía con gran ilusión y de los que aún recuerdo el olor y la textura de sus páginas. Sin embargo, y sin rubor lo confieso, no fui desde el punto de vista académico un alumno brillante en los años de la educación primaria, y mi expediente, salpicado de altibajos, analizados desde la perspectiva temporal, no fue indicativo de ningún tipo de predisposición o de rechazo hacia las letras o hacia las ciencias: ahora creo que puedo explicar las razones de tan llamativas divergencias, pues no eran mis aptitudes, positivas o........
