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Otra foto de Acha

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José Carlos Acha y Lope Afonso / E. D.

Gracias a El Escobillón, la bitácora del compañero Eduardo García Rojas, tengo el muy dudoso placer de enterarme de que es propósito de José Carlos Acha, consejero de Cultura del Cabildo de Tenerife, conceder la Medalla de Oro de la Isla a Alberto Vázquez Figueroa. Ahora será el pleno de la corporación quien tomará la decisión final. Estaba a punto de escribir que la ocurrencia me había asombrado pero, ¿para qué mentir? A mí la gente como Acha, los cargos públicos como Acha, los señores que tienen un concepto de las instituciones y de los deberes y obligaciones de un consejero como Acha, ya no me asombran. Llevo más de 35 años viendo volar Achas. Así que no me producen ninguna estupefacción, sino más bien un infinito cansancio. Es fama que el consejero de Cultura se desvive porque le saquen fotografías en todos los actos y saraos a los que se puede acercar. Para Acha ser consejero no es llevar adelante proyectos y programas exitosos con eficacia y rigor. Para Acha ser consejero es ser fotografiado. Cuanto más te fotografían –atento– más consejero eres. Algunos se indignan. Yo no. Yo le pagaría su sueldo de consejero, en cambio, para que no saliera jamás de su despacho o de La Garriga, donde el único daño que puede producir es mandarse todos los bocatas de tortilla y los juguitos de pera-piña.

No conozco los argumentos que a buen seguro Acha o sus geniales asesores han incluido en el expediente administrativo para proponer a Vázquez Figueroa como Medalla de Oro de Tenerife. Por lo demás no tiene mucha importancia. Hasta el peor novelista podría escribir un elogio más o menos rasurado, más o menos legible, a las novelas de Vázquez-Figueroa, que son un ejemplo muy respetable de literatura popular. Yo me las he leído casi todas y no recuerdo casi ninguna. Es cierto lo que dice ese amigo de Eduardo: conceder medallas o metopas o maracas es una manera de enmascarar la inexistencia de una política cultural. El mindundi que concede una medalla, en el ámbito de la política, se está condecorando simultáneamente a sí mismo, a su memoria, a su sensibilidad, a su generosidad. Y el acto, por supuesto, supone una nueva ocasión para más fotografías, que como comprenderán ustedes, es de lo que se trata. Hace mucho tiempo Fernando Delgado me dijo que el problema de los cargos políticos que se ocupan de la cultura suele ser su estremecedora ignorancia. «Casi ninguno hizo siquiera un buen bachillerato». Así que llega cualquier zoquete que no conoce la literatura canaria y cuando le sale de las meninges imaginar un premio, se lo concede a alguien que le suena, que leía su tío, que le comentan en el desayuno. Yo creo que Delgado solo tenía razón en parte. En lo de enmedallar a Vázquez Figueroa no solo brilla la ignorancia bobalicona, sino también el oportunismo tontorrón. Declarar Medalla de Oro de Tenerife (en vida o a título póstumo) a Andrés Sánchez Robayna, quizás el escritor canario con más proyección exterior desde la guerra civil, sería digno y apropiado pero, entre los votantes de Acha, ¿quién conoce a Sánchez Robayna? En cambio, el consejero de Cultura y sus genios tutelares creen que la opción de Vázquez Figueroa será recibida con alborozo por miles de personas en las plazas de Tenerife, un suceso más que improbable, porque el autor de Maradentro desde hace bastantes años no se encuentra en las librerías.

Es un mal momento para la lírica, la épica y la dramática. En las administraciones públicas siempre lo ha sido. En el Cabildo de Tenerife nos asfixia la caspa de un Acha y su álbum de fotografías, pero en el Cabildo de Gran Canaria Guacimara Medina se está mano sobre mano con una encantadora sonrisa donde no habita una idea, un proyecto, algo que pudiera identificarse vagamente como una política cultural. Nada, salvo una magnífica dentadura que, debemos reconocerlo, elogiaría cualquier odontólogo. Por desgracia de Acha no puede afirmarse lo mismo. Está clarísimo que la izquierda sigue ganando la batalla cultural. n

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