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Tomás Vodanovic: la estrategia de un misionero

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29.08.2026

Alto, guapo, gentil, impecablemente educado en el Colegio Cumbres y la Universidad Católica, Tomás Vodanovic solía decir que venía a la política de visita. Los trabajos voluntarios, más algunas lecturas y amistades, le habían hecho descubrir la pobreza, obligándolo a salir de la comodidad de los estudios para hacer cosas por la gente. A los veinte años fundó la ONG Formando Chile, de la mano de Pablo Vidal, su padrino político, y se fue a vivir a La Pincoya, dejando Las Condes por la periferia de Huechuraba, mientras hacía clases en la Escuela Carlos Prats. La política de partido, la parlamentaria, la riña ideológica, las grandes Alamedas, no eran lo suyo, y si bien algunas veces aguantaba hacer cosas por los compañeros, nunca temió mostrar y demostrar que era otra cosa, que venía de otro lugar e iba a otro lugar. Era un cruzado, un misionero que tomaba con buen humor su atractivo sobre las votantes y con paciencia la envidia que esta buena estrella perpetua también generaba.

Maipú, esta comuna que es también una ciudad construida sobre un arenal, era el lugar donde aplicar las lecciones de liderazgo que le enseñaron después en Georgetown, en Estados Unidos. Pero el visitante empezó a quedarse. Ocho años en Maipú son muchos años para alguien que decía venir de paso, y el arenal, que iba a ser apenas un laboratorio de buenas intenciones, terminó siendo el lugar donde Vodanovic aprendió lo que ningún cursillo de Georgetown enseña: que el poder municipal, bien administrado, es la antesala más discreta y más eficaz hacia el poder de verdad. Llegó, además, a limpiar una casa ajena: heredó de Cathy Barriga —hoy procesada— un déficit municipal de 34 mil millones de pesos. El gestor prolijo y el misionero conviven en él desde el principio; solo cambia, según la coyuntura, cuál de los dos sale a hablar........

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