Milei y Kast: El energúmeno y el monje
En pocas horas, en una visita que tuvo más de recital que de encuentro, Javier Milei logró incomodar a todos. Empezando por su anfitrión. Días antes, el jefe de la Fuerza Aérea argentina había declarado que el Estrecho de Magallanes era zona de soberanía trasandina —una frase sin respaldo en ningún tratado vigente, y sin motivo aparente para pronunciarla esa semana precisamente. Kast no le compró el pleito: se limitó a viajar a la región, izar la bandera y hablar de soberanía sin nombrar a Milei ni una sola vez. Para cuando Milei aterrizó en Santiago, el incidente ya estaba desactivado, pero el gesto quedaba: uno improvisa un conflicto de la nada; el otro lo resuelve sin necesidad de mencionar a quien lo provocó.
Milei sabe cuál es su talón de Aquiles. Es, quizás, lo único que me resultaba respetable en él: una total falta de nacionalismo. Esto, en el país de Perón y las barras bravas, se siente como una falla de origen. Por eso no puede renunciar a ningún diferendo, y menos si es puramente simbólico. Este es su mundo, los símbolos. Nadie sabe usarlos como él. Aunque su performance en el Foro Madrid solo dejó ver el desgaste de la fórmula.
Ahí leyó uno de esos discursos que deletrea con voz monocorde. Fue resumiendo su versión de la historia reciente de Chile. Conviene escucharlo con atención, porque esa versión la comparte con el presidente que lo recibía, solo que este tiene la virtud —rara en él— de no expresarla con la misma claridad sin matices.
Para Milei, el comunista Allende (que era socialista) fue derrocado. La palabra dictadura no aparece. Le atribuye a Chile cuarenta años de........
