Después de la playa, el mundo
Que Bad Bunny haya ganado el Grammy al Álbum del Año no es solo una consagración personal ni una victoria para la música latina en términos de cuota o corrección política. Es, sobre todo, un síntoma. Un indicador cultural de algo que viene ocurriendo hace rato: el centro del pop mundial ya no habla un solo idioma, ni responde a una sola tradición, ni necesita pedir permiso para existir.
Durante décadas, el relato fue inverso. El artista latino que aspiraba a la cima debía “traducirse”: suavizar acentos, ajustar sonidos, acomodar su identidad a un molde anglo. El caso paradigmático fue Ricky Martin a fines de los noventa, con Livin’ la Vida........© El Dínamo
