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Después de la playa, el mundo

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03.02.2026

Que Bad Bunny haya ganado el Grammy al Álbum del Año no es solo una consagración personal ni una victoria para la música latina en términos de cuota o corrección política. Es, sobre todo, un síntoma. Un indicador cultural de algo que viene ocurriendo hace rato: el centro del pop mundial ya no habla un solo idioma, ni responde a una sola tradición, ni necesita pedir permiso para existir.

Durante décadas, el relato fue inverso. El artista latino que aspiraba a la cima debía “traducirse”: suavizar acentos, ajustar sonidos, acomodar su identidad a un molde anglo. El caso paradigmático fue Ricky Martin a fines de los noventa, con Livin’ la Vida........

© El Dínamo