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La censura de las buenas intenciones

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25.09.2026

Hay algo que se está volviendo demasiado habitual y que, quizás por repetirse, empieza a parecernos normal. Alguien dice algo que incomoda, aparece una protesta, una institución se inquieta y, en vez de abrirse una discusión, desaparece la persona que podía provocarla.

Eso fue lo que ocurrió con Ariana Harwicz. La escritora argentina debía participar este 26 de septiembre en el Festival Cultur Alh de Granada, en una conversación cuyo título terminó siendo involuntariamente perfecto: Oponerse al mundo. A pocos días del encuentro, su invitación fue retirada. Las directoras del festival explicaron que habían recibido una carta de la Red Universitaria por Palestina de Granada y reconocieron que detrás de la decisión estaba también el rechazo que provocaban algunas posiciones públicas de Harwicz, entre ellas su oposición al boicot cultural a Israel. La autora ha sostenido que no corresponde excluir a un artista por su nacionalidad y recuerda que defendió lo mismo cuando, después de la invasión de Ucrania, artistas rusos comenzaron a desaparecer de algunas programaciones culturales.

Escribir sobre quienes se atrevieron

¿Qué queda fuera cuando redefinimos el antisemitismo?

Uno puede estar de acuerdo con Harwicz, discrepar profundamente de ella o sentirse incómodo con algunas de las cosas que ha dicho. Ese no debería ser el punto. Lo inquietante es que hayamos empezado a confundir con tanta........

© El Dínamo