Los doce monos
“The Invisible Hand, if it is to be found anywhere, is likely to be found picking the pockets of the poor”. — Edward J. Nell
Esto empezó hace más de diez años, por el dos mil trece, cuando Ricardo Lagos —mi amigo, y yo por entonces un consejero cercano— consideraba una segunda presidencia. Lo que le propuse fue algo muy simple, casi impolítico: una agenda de gobierno basada en corregir precios. Nada de refundaciones, nada de salvar el planeta ni la globalidad. Un gobierno corto, transversal, de pura acción. Sin izquierdas ni derechas, sin sectores especiales: solo precios, consumidores, abusos y sus sensibilidades.
Le llevé la minuta con los monos. Monos en el sentido chileno —los dibujos, las figuritas de la lámina— pero también, lo confieso, en alusión a esa película extraña de los doce monos, donde un hombre viaja en el tiempo para advertir una catástrofe que nadie quiere ver venir. Me pareció un embalaje adecuado.
Gasolina de 95 subió $35 por litro: la variación en los precios de los combustibles desde este 10 de septiembre
Inflación aumenta a 4,1%: los factores que incidieron en el 0,6% del IPC de agosto
La catástrofe nuestra no era un virus: era un tejido de arreglos que llamé corpocráticos, porque en cada uno había corporaciones y, cosa notable, alguna agencia del Estado metida en la cocina donde se arregla el precio final al consumidor. Ni capitalismo democrático ni socialmercado progresista: una CORPOCRACIA, un régimen feo y tenebroso donde el Estado, en su alta potencia de regular y de omitir regular, termina organizando una vida cara.
Los precios eran doce. La lista partía con la energía y terminaba con el pan.
El kilowatt. La gasolina y el diésel. El kilómetro por vía........
