El mundo después de Ormuz
El cierre del Estrecho de Ormuz —la arteria por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial— no solo disparó el precio de la energía. Alteró las cadenas de suministro, aceleró la inflación, frenó el crecimiento y obligó a gobiernos y empresas a replantear decisiones estratégicas que definirán la próxima década. Aunque Washington y Teherán negocian un acuerdo para reabrir el paso marítimo, la economía mundial difícilmente volverá al punto de partida. El daño ya está hecho.
Los mercados celebraron el anuncio preliminar del acuerdo con una inmediata caída de los precios del petróleo. Sin embargo, la realidad logística es mucho más compleja. Cientos de buques permanecen inmovilizados, existe el riesgo de minas navales y gran parte de la infraestructura energética del Golfo ha permanecido inactiva durante meses. Reactivar pozos, refinerías y terminales requerirá inversiones millonarias y, en el escenario más optimista, entre seis y doce meses.
Pero el mayor obstáculo ya no es técnico. Es la confianza. Navieras, aseguradoras e inversionistas han comprobado que una de las rutas comerciales más importantes del planeta puede quedar paralizada en cuestión de horas. Incluso si el estrecho vuelve a abrirse, la percepción del riesgo permanecerá.........
