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El Estado trancapecho

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21.08.2026

El Estado tranca, que nació como una promesa para destrancar el país, empieza a convertirse en un monumental trancapecho. Se lo sirve caliente, se lo anuncia con entusiasmo y, aparentemente, viene con todos los ingredientes para destrancar Bolivia.

El problema comienza cuando el Gobierno anuncia, promete, enuncia, lanza y propone. El ciudadano escucha, espera y engulle ese discurso como quien recibe una promesa de solución a corto o mediano plazo. Cree que aquello podría convertirse, finalmente, en realidad. Pero pasan los días, pasan las semanas y no pasa nada.

Entonces aparece el efecto trancapecho: un atoramiento por exceso de promesas. No hay garganta que aguante indefinidamente tantos anuncios sin resultados. El Estado trancapecho comienza a hacerse visible en el estancamiento, pero también en el desprestigio, el descreimiento y la desacreditación de un Gobierno que anuncia mucho, promete bastante y concreta poco.

El trancapecho, como se sabe, no es plato para impacientes. Pan, arroz, papa, huevo, carne, cebolla, locoto y todo aquello que haga falta para convertir un bocado en una prueba de resistencia. Uno lo mira y piensa: “Qué maravilla”. Da el primer mordisco, luego el segundo, acelera porque tiene hambre y, de pronto, descubre que también puede atragantarse.

Con el Estado pasa algo parecido. Se anuncia un Estado tranca para destrabar la burocracia, acelerar trámites, eliminar obstáculos y poner al país a correr. Pero una cosa es engullir promesas y otra muy distinta digerir resultados. Cuando el discurso se........

© El Día