Mi trabajo se paga solo: con la alegría de hacerlo
20 de septiembre 2026 - 06:59
Hay cosas que no tienen precio. Cuando buscamos recompensa por ellas, quizá es que no las valoramos como merecen. Hace unos días, un amigo me comentó que, después de leer el artículo sobre el perdón, pensaba que algunos podían considerarlo una debilidad. Siendo así, ¿cómo explicar por qué uno perdona? Una respuesta sencilla y verdadera es esta: para tener paz y ganas de vivir. Salimos ganando.
Hemos perdido la visión altruista de la existencia y hemos entrado en una lógica comercial: ¿Qué gano con esto? ¿Cuánto más gano, más feliz soy? Hay un plan —o al menos una tendencia cultural— de empequeñecer a las personas, de robarles su grandeza. Me recuerda la primera tentación en el Paraíso: el demonio les promete ser como dioses cuando ya lo eran y no se daban cuenta.
La felicidad, el sentido, la nobleza, aquello que nos hace grandes, no vienen de fuera. No hay que mendigarlos ni comprarlos: hay que extraerlos de nuestro interior. La fe nos recuerda que somos imagen y semejanza de Dios. San Agustín recorrió el mundo buscando sentido, hasta que........
