La Semana Santa es del pueblo
Imágenes de las hermandades del Domingo de Ramos de Sevilla pasando por La Campana. / Joaquin Corchero - Europa Press / Europa Press
Se acabó la espera. Ya está aquí la Semana Santa. Tan efímera. Pocos gozo tan sublimes como este ansia por unos momentos fugaces. Saldremos a por ellos, a coleccionar recuerdos que forman lo que somos y se superponen cada año, como la cera en la bola de un niño.
El primero empieza con un rumor de tambores acercándose. Después, la humareda de incienso entre la que se esconden ciriales. Se altera el público y se eriza el vello en un ataque íntimo de emoción. Ya llega. Candelerías, bullas, canastilla, música. Hay que aprovechar, porque se pasa volando.
Cada persona vive la semana santa a su modo. Eso incluye a quien huye a la playa o se refugia en su casa evitando nazarenos y aglomeraciones. Pero también incluye, sobre todo, a miles de personas que disfrutan de las cofradías resistiéndose que ese placer tenga que ser religioso. Como dice uno de mis mejores amigos, abogado sindical que a ratos carga una cruz de guía, revelarle a los sevillanos la íntima normalidad del ateísmo en semana santa es como explicarles qué es el calor.
Quinientos años arriba o abajo lleva la Semana Santa sevillana luchando contra el afán de la Iglesia y las autoridades por quitarle su lado más popular. Es una pelea con altibajos. En los tiempos que vivimos parece que la estuvieran ganando las instituciones, pero quiero creer que es sólo una escaramuza. Se pierde en los despachos, las sacristías y los platós de televisión, pero se gana en la calle entre gente apretujá que se mueve al ritmo de una marcha y familias que van a merendar entre filas de nazarenos. Quienes quieren domesticar la Semana Santa y someterla a reglas ajenas a las de la devoción popular la están convirtiendo en un producto. Un ideal de consumo cargado de merchandasing que se centra en lo superficial. Cede la tradición, lo íntimo y lo cercano en favor de una celebración aséptica y uniformada.
Nuestra semana excelsa dura siete días, ni uno más. Pero cada........
