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Arcadi España, un listón tan alto como escaso el margen

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29.03.2026

El nuevo ministro de Hacienda, Arcadi España, ha aterrizado en el gabinete con un mensaje voluntarista. "Seré útil, educado y humilde", se regaló. Santo y seña de un estilo de hacer política moderado y prudente en tiempos de turbulencia y trincherismo. Sus críticos, por contra, susurran una aversión excesiva al riesgo y una tendencia a ponerse de perfil ante las adversidades, aunque, como decía un compañero: "Ya lo pondrá el Perro a bailar".

España citó a John Rawls y su experimento del velo de la ignorancia para reclamar luces largas a las autonomías en su toma de posesión del viernes. Si el filósofo estadounidense proponía que renunciásemos a nuestra posición individual para imaginar un futuro compartido mejor, el político checo Václav Havel nos invitaba a impregnar de imaginación la gestión pública para revolvernos contra la dictadura del pragmatismo.

Dreampolitik vs. realpolitk. "Si todas las comunidades pensaran no en la situación de la que parten sino a la que podrían llegar, pensarían en unas reglas más justas", dijo España, en lo que no es sino un reproche al celo excesivo del baronío pátrio mejor tratado por el sistema en vigor por no perder posiciones relativas en el actual statu quo.

Las promesas de reducción de la inequidad entre territorios e incremento vertical generalizado de recursos que acompañan la propuesta de modelo de financiación autonómica que ha heredado de la hasta el jueves vicepresidenta, María Jesús Montero, han sido ignoradas por casi todos los actores territoriales a excepción de quienes escalan en posición en los cuadros que elabora Ángel de la Fuente para Funcas. Los que ven el complejo esqueleto administrativo español desde una posición más jacobina han advertido, además, de que la inyección adicional de fondos conllevaría necesariamente una sustracción de dinero de la caja para las competencias del Gobierno central. Mover la manta hacia arriba para destapar los pies por abajo. O viceversa.

La propuesta de financiación, polémica por el bonus para Cataluña que lleva adosado en virtud del pacto por Esquerra Republicana, es, por ahora, papel mojado, aunque de las palabras de España se intuye que el de Carcaixent (Valencia), que la ha defendido abiertamente, tiene la intención de tratar de sacarla adelante, faena que no dejó cerrada su antecesora.

El perfil de sucesor elegido, siendo como es un claro gesto político de Pedro Sánchez hacia la batalla valenciana que se avecina en poco más de un año, ha sido recibido con buenas crónicas y perfiles positivos. En su tierra, el ascenso al gabinete se ve incluso como el de un rey mago que va a sacar de pobres a todos los valencianos. Lo mismo se decía en Sevilla de Montero.

Bien relacionado con los popes mediáticos locales y el establishment lobista empresarial, se guarda buen recuerdo de la etapa como jefe de gabinete, conseller de Territorio y conseller de Hacienda en el Botànic de Ximo Puig. Que por primera vez haya un valenciano el frente del Ministerio que parte y reparte ha hecho a muchos frotarse las manos y a otros (el PP) afilar las navajas.

Pero España podría haber citado también a Otto von Bismarck y aquello de que "la política es el arte de lo posible", más que nada por ir preparando el terreno ante posibles frustraciones.

El nuevo ministro de Hacienda puede ser víctima del exceso de expectativas si atendemos al antecedente de Montero, incapaz de sacar adelante no solamente la nueva financiación, que ni siquiera ha arribado a la playa del Consejo de Política Fiscal y Financiera y menos aun a la orilla del Congreso de los Diputados.

Atascada en una endiablada aritmética parlamentaria, si es que eso sirve como única excusa, tampoco ha sido convalida la publicitada quita de deuda autonómica ni se han presentado los Presupuestos Generales del Estado, pese a los titulares y los debates encendidos que tantos ríos de tinta (ahora se llaman URL y bits) han hecho correr en esta tormentosa legislatura.

Montero se marcha al matadero andaluz sin haber cumplido con la reforma fiscal que prometió el PSOE o la necesaria sacudida que necesita ese otro paquidermo que es el sistema funcionarial de la Administración General del Estado. El empeño de Sánchez de hacer de cada ensayo de reforma un premio a quienes le dieron la investidura ha contaminado cada uno de los intentos antes referidos sin que, al menos, haya armado las mayorías necesarias para hacerlos realidad en el Congreso. El balance es más bien magro.

Si la cosa funciona es porque acumulamos una de las etapas de mayor crecimiento económico y recaudación fiscal, solo quebrada por la pandemia, y una lluvia de miles millones de fondos europeos.

En esta tribuna hay más que escepticismo sobre el margen de acción del nuevo ministro de Hacienda. Arcadi España ha vuelto a repetir aquella frase que ya pronunció cuando tomó las riendas de la Conselleria de Hacienda para avisar a los van a comenzar a llamar a su puerta con el "Ministro, ¿qué hay de lo nuestro?". "De entrada no, pero lo veremos con cariño", bromeó tras recibir la cartera de Montero. Quizás es lo más sincero que pudo decir. Lo contrario (Presupuestos, reformas, quitas) será noticia.

P.S. El nuevo ministro de Hacienda podría empezar por cosas en apariencia más fáciles. Por ejemplo, llevar a la convalidación del Congreso la excepciones fiscales que prometió a las autónomos afectados por la dana de Valencia y que no terminan de concretarse o la autorización de la deuda extra de la Generalitat para pagar facturas de la dana. Lo de la inyección a fondo perdido se lo dejamos a John Rawls.


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