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Saberse los nombres: ¿pueden los hombres hablar de feminismo?

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12.03.2026

Cumplidos los setenta, y con diez embarazos a sus espaldas, mi abuela Teresa fue sorprendida por mi tía –bióloga– viendo una animación explícita en Hablemos de sexo, el programa de la Dra. Ochoa. De la misma vergüenza –eran otros tiempos–, mi tía le espetó que qué hacía viéndolo, que ella “no entendía de eso”. Mi abuela le replicó: “Dejaré de entender; lo que no me sé son los nombres”.

Si de algo entiendo yo es de arte –al menos es mi ocupación principal–. Aunque también es verdad que cada vez pienso que hay menos que entender. Este domingo se ha clausurado la cuadragésima quinta edición de ARCO, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo, y el azar ha querido que este año, en el que yo también cumplo los 45, fuera el primero en el que expusiera mi trabajo como artista, gracias al apoyo de la galería Espacio Mínimo.

En realidad llevo más de dos décadas asistiendo y participando de diferentes formas en el que es el evento más importante del sistema del arte español, pero en esta ocasión he vivido la experiencia de manera más intensa, en primera persona –arriesgando en lo discursivo y en lo económico–. Para empezar, la pitada de los galeristas a Urtasun durante la visita oficial de los Reyes, reclamando un IVA cultural, rompió súbitamente mi sensación de estar en otra feria más, donde todo parecía extraordinariamente amable, lento, dócil y complaciente.

No me extenderé en mis conclusiones, pero sí haré un par de apuntes por la extrapolación que admiten hacia la realidad sociopolítica, tan ajena a las particularidades del mundo del arte –ese que, probablemente, para Timothée Chalamet cuenta menos aún que la ópera o el ballet–. En primer lugar, vi que el stand de El País celebraba su 50 aniversario con El pintar diario, una ramplona y predecible propuesta de Miquel Barceló, mientras que El Confidencial dedicaba el suyo a una lúcida Inés........

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