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El filósofo del 15-M Ernesto Castro: "Me convertí al catolicismo contra mi voluntad"

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04.06.2026

Sesenta días después del Domingo de Resurrección, los católicos celebramos el Corpus Christi para recordar la presencia –real– de Cristo en el pan y el vino de la Eucaristía.

Ernesto Castro, pensador, profesor de Estética en la Universidad Autónoma de Madrid y youtuber, le ha escrito una carta al Papa en la que le cuenta que se acaba de bautizar, confirmar y comulgar, participando por primera vez de esta unión íntima con Cristo.

Su vuelta a la vida pública se ha producido después de año y medio de silencio que comenzó con un enigmático vídeo en el que anunciaba la muerte de su canal de YouTube. Ahora, gracias a un nuevo vídeo en el que explica su resurrección, sabemos que en aquellos momentos atravesaba una profunda depresión que le llevó incluso a tener ideaciones suicidas. Días más tarde, su ahora esposa, la escritora Luna Miguel, le acompañó al monasterio de Santa María de Montserrat. Fue allí, al contemplar la imagen de la Virgen, cuando alcanzó un estado de paz absoluto. "Ella tuvo la iniciativa", dice; "La alternativa a mi conversión era mi muerte".

Esta feliz noticia ha coincidido con la publicación de la primera encíclica de León XIV, Magnifica Humanitas, firmada el 15 de mayo con motivo del 135 aniversario de Rerum novarum de León XIII, convirtiéndose en la actualización más reciente de la doctrina social de la Iglesia, con especial énfasis en la custodia de la persona humana y en la inteligencia artificial. Por este motivo, invité a Ernesto a una conversación, a la que accedió muy amablemente, y que se extendió durante dos horas y media.

"La Virgen tuvo la iniciativa. La alternativa a mi conversión era mi muerte"

Lo que sigue no es la transcripción literal de esa bíblica entrevista –no podría serlo–, si bien he intentado mantener tanto su estructura en catorce numerales, como su esencia. En cualquier caso –ya lo siento–, no podrá quedar aquí reflejado lo más importante de la misma, esto es, que a su conocida erudición y locuacidad se le ha unido una nueva serenidad de espíritu, una gracia inesperada que nunca antes le había reconocido; ni, por razones obvias, los continuos chascarrillos y constantes risas.

Al iniciar la charla, le recuerdo a Ernesto que antes de saber de él conocí a su padre, el filósofo y crítico de arte Fernando Castro Flórez, una figura de innegable relevancia y especialmente apreciado en el ámbito del arte contemporáneo. Fue por su intermediación que me contactó él por primera vez para colaborar en un proyecto editorial –desaparecido– llamado MamaJuana, mientras yo andaba por Nueva York. La última vez que lo vi en persona fue en CENDEAC, en 2017, en la presentación de su libro El trap: filosofía millennial para la crisis en España. Desde entonces, se ha ganado el título de filósofo milenial y sus clases de filosofía y estética le han reportado cientos de miles de seguidores –y convocan a unos cuantos trolls–.

1. Carta al papa, bautismo y conversión

Pregunta. Le acabas de escribir una carta al papa en la que dices: "Hola, me llamo Ernesto, tengo 35 años, doy clases de filosofía en la universidad y me bauticé, me confirmé y comulgué por primera vez hace dos semanas". Tienes miles de seguidores que llevaban un año y medio esperando una palabra tuya y vas y apareces con esto.

Respuesta. Bromea con la idea de que el verdadero deseo de sus seguidores es la intoxicación: "Eran unos yonquis. No querían mi palabra para cuidar de su salud precisamente.

P. ¿Qué ha pasado? ¿Es el fin del mundo? ¿Es una performance?

R. No puedo añadir mucha más información. Me convertí en una visita al monasterio de Montserrat. Cuando escribí la carta, habían pasado dos semanas de la Vigilia Pascual, que fue cuando me bauticé, confirmé y comulgué –¡bajo las dos especies!– en la catedral de Alcalá. Es la diócesis que le toca a mi abuela de 94 años. Ella vive en Torrejón de Ardoz, a hora y media en tren de mi casa. Solo por verla y catequizarme en la iglesia donde están enterrados mis antepasados, me hice ese trayecto cada quince días a lo largo de un año y medio.

Me cuenta que, durante ese tiempo de catequesis, en el trayecto en Cercanías se encontraba a menudo con pordioseros –palabra cuya belleza se detiene a celebrar– que agradecían una moneda con una bendición: "Que Dios te acompañe", "que Dios te bendiga", "que Dios te lo pague". Por eso, "porque la caridad es una forma de revelación", empezó a llevar cartuchos de monedas y a llevar los bolsillos cargados de hierro, "bien herrados", como don Quijote. Sin duda, le parece especialmente interesante la importancia que se concede al trabajo y al capital y al dinero físico, corpóreo, en la doctrina social de la Iglesia. Y que el dinero huela y manche.

2. Relación con la Iglesia y con la creencia

P. Cuéntame cómo ha sido tu relación familiar con la Iglesia y su relación con tu conversión.

R. En mi casa mis padres son ateos, manifiestos y confesos. Estábamos los tres hijos sin bautizar. Mi madre, al ver la magnificencia del evento en el que te dan los tres sacramentos de golpe, lo comparaba con la muerte por los tres toques de Kill Bill, la primera en la coronilla, la segunda en la frente y la tercera en la boca.

Ernesto me explica que en realidad todo se lo debe a su abuela materna, la más creyente de la familia. Ella tenía la casa llena de imágenes de Cristo, así como su tía abuela Isabel, que custodiaba un retrato kitsch del Sagrado Corazón, con el corazón iluminado, que le impactó ya en su momento.

"De lo que me he dado cuenta es que, aunque yo crea que mi conversión fue solo un día concreto, la providencia ya me venía trabajando por dentro y por fuera desde hace años".

"Aunque crea que mi conversión fue un día concreto, la providencia ya me venía trabajando por dentro y por fuera desde hace años"

Se pregunta aquí qué sentido tiene, si no el haber escrito un libro titulado Ética y política en el año 2019 y, por pura broma, junto al editor, haberle puesto la paloma del Espíritu Santo en la portada. O haber hecho una novela sobre una santa, doctora de la Iglesia, patrona de Europa, Edith Stein. O haber tenido tanta amistad con Juan Manuel de Prada, que reseñó esa novela y presentó la siguiente de la trilogía. Aunque insiste en que su iniciación en los misterios del espíritu fue realmente propiciada por su sonambulismo, cuando empezó a dudar de todo, del monismo materialista, como "si el cuerpo supiera algo que uno no sabe", y a leer de todo, como la literatura feminista que reivindicaba el mundo de los sueños.

3. La Virgen de Montserrat, la estética y el arte contemporáneo

P. Me gustaría saber si tu conversión ha sido por la vía mariana exclusivamente; qué papel ha jugado tu condición de esteta y si crees que se habría dado igual de haber sido invidente.

R. Me acordé de Carta sobre los ciegos para uso de los que ven de Diderot, en la cual se plantea el debate sobre la existencia de Dios. El ciego de esa carta no cree porque no ve. Se suele interpretar como un texto apologético ateo, pero también se puede entender al revés. Que el ateo está ciego. Que el ateo no ve el mundo. Que hay que estar ciego para no ser creyente. Es una lectura a contrapelo, con la que no estoy necesariamente de acuerdo. Benditos los que crean sin ver, ¿no?

Ernesto lamenta que hoy las lecturas teológicas hayan quedado muy reducidas, incluso entre estudiantes de filosofía, hasta convertirse casi en un cliché: los tres estadios de Kierkegaard –el estético, el ético y el religioso– y el célebre salto de fe. Según esa lectura, la estética aparece como algo frívolo, ligado al consumo de cuerpos e identidades, cuyo paradigma sería Don Juan. El compromiso matrimonial abriría entonces el paso a la esfera ética, que a su vez quedaría en suspensión ante actos sacrificiales como el exigido a Abraham con Isaac. Pero Castro matiza que Kierkegaard, en tanto autor existencialista, encaja difícilmente en una lectura católica, menos cercana al combate solitario con Dios y sus paradojas propias de la tradición protestante.

Me cuenta que Alejandro Matesanz, su padrino de bautismo –sufrido protagonista de su foto viral–, siempre le ha hablado de Hans Urs von Balthasar, al que considera el mejor teólogo del siglo XX. Tiene una obra monumental dedicada a los tres trascendentales que explica cómo, en la visión católica del mundo, la estética no se basa solo en lo bello, sino en la gloria; la ética no solo en lo bueno, sino en el amor; y la lógica no solo en la verdad, sino en la revelación. La teología estética, "reducir la existencia de Dios a simplemente un adorno", le parece muy empobrecedor, aunque ha sido motivo de muchas conversiones:

"La belleza –la gracia, nunca mejor dicho– y la gloria de la manifestación sensible de Dios y de todo lo que le acompaña, no se puede comprender sin la creencia. Si no se cree, no son tan bonitas, en verdad, las iglesias. El poderío estético va intrínsecamente vinculado con la manifestación de la belleza y de la bondad. La tradición moderna ha querido desvincular esos dos trascendentales, pero es imposible".

"La belleza y la gloria de la manifestación sensible de Dios no se pueden comprender sin la creencia. Si no se cree, no son tan bonitas las iglesias"

Ernesto me confiesa que tiene una apuesta con un alumno. Le dará cincuenta euros si es capaz de localizar la palabra bello o belleza en alguna cartela de un museo nacional de Madrid. O más difícil aún, en un museo de arte contemporáneo. Aun así, a él le gusta más el contemporáneo que el arte de otras épocas. Quizá el problema por el que no gusta es que se entiende más de lo que se cree. Como los feligreses de aquella parroquia en la Edad Media, que se quejaron ante el obispo porque el párroco daba la misa en lengua vernácula: "Se le entiende demasiado". Además, ataca:

"El arte contemporáneo se ha convertido en una nueva teología que tiene un discurso filosófico al nivel de los dogmas de fe antiguos. Antes había que demostrar la existencia de Dios. Ahora hay que demostrar la existencia del artista, de la tradición que le legitima. Hay que movilizar una cantidad enorme de santos laicos de la posmodernidad para justificar que alguien haga una exposición en una galería comercial, no digamos ya en un museo".

"El arte contemporáneo se ha convertido en una nueva teología que tiene un discurso filosófico al nivel de los dogmas de fe antiguos"

Retomando la cuestión, Ernesto sentencia "que el arte sea más difícil o más exigente o más ascético, no lo vuelve mejor". Y que "cuando la gente escucha que eres católico, se imaginan que estás deseando pasarles por la hoguera. Como........

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