La ejemplaridad de Marcos Llorente
Celebrar el individualismo suena, en ciertos espacios de opinión, como una exaltación del egoísmo. Y cómo hacer una defensa moderada de algo que, voluntariamente, se construye desde la excentricidad. Pero hagamos el ejercicio. En el caso de Marcos Llorente, que el dedo no nos impida ver el sol.
A Llorente, vendedor de gafas, paseador de perros sin camiseta a cero grados, se le acusa de embajador de la pseudociencia. ¿Pero qué es la ciencia? Para mucha gente, esa invocación ha perdido autoridad. Durante el COVID, la ciencia fue una amalgama de conocimientos progresivamente adquiridos, intereses políticos, económicos y de comunicación. Todo amparado bajo el paraguas de un comité de expertos que luego resultó no existir como tal. Al final, la ciencia era, básicamente, lo que le convenía al Gobierno. El regreso al esencialismo que propone Marcos Llorente —sol sin protección, ritmos naturales, carne— es una consecuencia del desencanto de esos días. Yo sé lo que es bueno para mí, déjame hacer. No pongas mi vida patas arriba "por mi bien". Y como toda afirmación de la individualidad, aunque yerre, resulta........
