Vivo para contarlo: elogio de la custodia humana
Dudaba seriamente si ponerme a escribir estas líneas. No hay mayor tentación para la vanidad -ni mayor riesgo para el pudor- que convertir un percance propio en materia de titular. Uno preferiría no ser noticia por salirse de la trazada en una carretera ni por terminar tendido sobre el asfalto. A menos que la notoriedad o la voz pública, si algún sentido tienen, no consista en airear las sombras personales, sino el de servir de altavoz cuando la realidad nos demuestra que dependemos de una maquinaria prodigiosa que solemos dar por sentada.
El asfalto de la A-2 no entiende de privilegios ni de biografías. Cuando la gravedad y la velocidad se alían, la vulnerabilidad es absoluta y democrática. En ese instante en que la moto rueda por su lado y el cuerpo por el otro, el tiempo se acelera y se congela al mismo tiempo. Podría haber sido una tragedia definitiva. A la velocidad a la que circulaba, el diagnóstico canónico hablaba de fracturas múltiples, hemorragias internas, un bazo reventado o el impacto fatal de un coche que viniera por detrás. Que la factura final se haya reducido a una colección convencional de quemaduras, abrasiones y........
