Rufián y Montero naufragan en el tiempo perdido
El fenómeno decadentista que protagonizan Irene Montero y Gabriel Rufián responde a esa patología de la modernidad que confunde la intensidad de la parroquia con la credibilidad de su mensaje. Se han erigido en los timoneles de una izquierda que ya no los reconoce como guías, sino como productos de un ecosistema mediático que se retroalimenta del conflicto y la hipérbole.
Existe en ambos sujetos una ceguera voluntaria que transforma el contador de seguidores de una red social en un acta de escrutinio favorable, ignorando que el impacto en las pantallas acostumbra a mostrarse inversamente proporcional al peso en las urnas. Son figuras que habitan un vacío representativo, suspendidas en una popularidad de diseño y de fervor mediático que no cristaliza en una mayoría social, sino en una resistencia de nicho.
Este maridaje de circunstancias entre la exministra y el portavoz republicano no es el resultado de una convergencia ideológica sólida, sino de una necesidad mutua de supervivencia ante la intemperie. La aritmética política es tozuda y suele castigar la soberbia de quienes creen que dos debilidades, por el........
