Pedro Sánchez, la salamandra que vive en el fuego
Pedro Sánchez cada vez se parece más al príncipe Próspero de Edgar Allan Poe. No porque viva encerrado en una abadía gótica, aunque La Moncloa se declina en códigos medievales, sino porque ha confundido el aislamiento con la inmunidad. Próspero cerraba las puertas, soldaba los cerrojos, reunía a su corte en una mascarada fastuosa y se persuadía de que la peste quedaba al otro lado del muro. Afuera gemía el país. Dentro sonaban las músicas, ardían los candelabros y las máscaras fingían una eternidad de terciopelo... hasta que la Muerte Roja apareció en el baile. No había saltado la tapia ni burlado la vigilancia. Estaba dentro.
La imagen describe la asfixia del sanchismo porque el fuego ya no rodea únicamente el palacio. Ha entrado en el salón y se multiplica por todas las estancias, desde las cloacas (Koldo, Ábalos) al lucernario (Zapatero); desde las dependencias familiares (Begoña, David) hasta los cimientos de Ferraz, objeto de un "registro" de doce horas por iniciativa del juez Pedraz cuya credibilidad desarma la trama de la conspiración urdida por los poderes del Estado.
Ferraz no supone un domicilio cualquiera. Es la casa matriz, la sacristía laica, el lugar donde el........
