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¿Pero quién mató a Jason Arday?

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20.08.2026

En los nuevos altares del fariseísmo también arden víctimas sacrificiales. El de la vetusta Universidad de Cambridge es más triste y visible, pero no el único.

El famoso profesor Jason Arday se ha quitado la vida días después de dimitir; había sido el más joven de raza negra en 800 años de la prestigiosa institución.

Tentada por el novedosísimo, Cambridge nunca pensó en hacer las comprobaciones regulares, le enamoraba la idea de vestir su historia con la imagen de Jason y eso bastó.

Encumbrado a lo más alto por la moda diversificante, Jason Arday empezó a caer en desgracia por sombras y sospechas, poco antes de caer en el ridículo y, finalmente, muerto.

Como todos los símbolos inflados, no importará a nadie: será sustituido por otro; hasta aquí la empatía y los cuidados de los nuevos virtuosos. Podría pasarle a la niña Greta y sería olvidada: banderitas de enganche que confortan ansiedades de grupo mientras valen, pero son de quita y pop.

Todos los totalitarismos son iguales en el uso utilitario -aniquilador- de las personas. La vieja certidumbre de la dignidad humana, que fue librando poco a poco a la sociedad occidental de tanta barbarie, viene caducando ahora ante la nueva moralidad grupal, cierta y acertada: la de las buenas personas que cenan los viernes con amigos y se santiguan con el tema de moda.

Todos los totalitarismos son iguales en el uso utilitario -aniquilador- de las persona

En los años 90, mutó la motivación de ser bueno en algo por la de ser buena persona. Lo bueno, cuando viejos principios de la ecuación, es que tú mismo te administras salvación y consuelo.

El giro encubría apenas la nueva mediocridad pujante, e interesó sobre todo a medianeros con camiseta y mensaje. Porque nadie de mérito hablaría mal contra el mérito; pero ¿y cuando no das más y el mérito te esquiva? Queda lo de ser buena persona, que ya no es aspiracional ni hay examen: es autodeclarativo.

Arday, elegido........

© El Confidencial