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Vox no ha tocado techo, pero sí se ha encontrado con un tope

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18.03.2026

Desde fuera, claro, no se ve. Quien no ha estado bien dentro de un partido mediano no puede saberlo. No sabe que los equipos de campaña de los grandes son cinco veces más grandes como mínimo y eso se nota. Sobre todo, cuando después de unas elecciones vienen otras y luego otras más. Matahombres.

Desde fuera, no puede comprenderse que la fatiga hace más probables los errores. Todavía más cuando el núcleo lo forman muy pocas personas. El pensamiento se hace cerrado y no saltan las alarmas mientras los números de las encuestas dan bien. Sobre todo, mientras el ascenso va deprisa, cuando los resultados son buenos y luego más. La embriaguez.

Quien sí lo entiende, quien sí conoce el funcionamiento de los partidos medianos, intuye el estado de abatimiento físico y mental en el núcleo dirigente de Vox. También la repulsa por la reacción de los críticos, por los que salen de debajo de las piedras, esos oportunistas que pasan el cuchillo ahora a costa de dañar a las siglas.

Los jefes, el jefe, acusaron el golpe en la noche del recuento de Castilla y León. Y mira que se pateó el territorio, otra región más, nada menos. Pueblo a pueblo. Se les veía el impacto en la cara. Pollán salió antes de Mañueco, no tuvieron ganas ni de trolear como sí hicieron en Extremadura y Aragón. Entregaron la cuchara y, a la mañana siguiente, ya andaban reculando. Pactamos, vale, pactamos.

El choque entre la embriaguez y la realidad. No tanto entre las........

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