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María Jesús Montero parodiará 'La vida de Bryan' en la próxima campaña electoral

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28.03.2026

A lo largo de mi vida, he podido participar en varias campañas electorales en Andalucía. Y he aprendido que aquella tierra tiene una cultura política propia, quizá la más distinta al resto. Por eso tengo la convicción de que María Jesús Montero es la peor candidata posible en su momento histórico más delicado para los socialistas.

En esa región, el piano electoral funciona con unas teclas muy específicas y ella está hecha para pulsar todos los resortes equivocados. Desde fuera, donde se hacen lecturas tan apresuradas y superficiales, no se entiende bien la diferencia. Pero es así. Ella representa exactamente lo contrario de la demanda mayoritaria e incluso de lo que siempre representó el socialismo andaluz. Es, por lo tanto, doblemente ajena.

Estamos hablando, probablemente, del lugar de España con la conjugación más racional del derecho al sufragio. Los andaluces, por ejemplo, son bien propensos a responder de manera concreta a la pregunta que plantea cada urna. Votan de manera distinta en municipales, autonómicas y nacionales. La fecha fijada por Juanma Moreno busca que la única cuestión abierta sea de carácter propio y con una gestión autonómica bien valorada por los electores.

Andalucía es la región con un mayor aprecio de la centralidad política, que no es exactamente lo mismo que el centro político porque incluye una forma serena de hacer las cosas y de dirigirse a los ciudadanos. Naturalmente, esa serenidad que une a todos los presidentes autonómicos andaluces de la historia reciente no implica ningún tipo de blandura. La impresión de agravio está grabada allí a fuego y la naciente voluntad de modernidad y liderazgo no van a borrarlo pronto.

Existe un fuerte y justificado sentimiento de orgullo andaluz, casi diría que de amor propio, con la muy especial virtud de no ser confrontativo como ocurre con otras regiones. Allí se exige y se pide respeto. Y no se aplauden los excesos, tienden más a generar rechazo. Otro hecho diferencial.

Durante mucho tiempo, elección tras elección, el socialismo andaluz fue capaz de reflejar esos matices y muchos más, todos los que no se pueden cuantificar y trasladarse a las tablas de las encuestas. Todo lo que la corrupción, la salida del poder y la subordinación al sanchismo ha dejado en añicos.

Hoy, como si fuese una venganza del destino, la simbiosis simbólica ha cambiado de bando. Si antes no se sabía dónde terminaban las siglas del PSOE y empezaba Andalucía, ahora no se sabe dónde termina Andalucía y donde comienza el Partido Popular. Todo el que conozca y quiera a esa tierra sabe que el cambio cultural es de envergadura histórica porque Juan Moreno Bonilla cometió el acierto desde el minuto uno de su Gobierno de confundirse en el imaginario Manolo Chaves.

Antes, los populares parecían venidos de fuera, ahora son los socialistas. Una parte del cambio de tornas tiene que ver con el tono airado, clasista y alejado. La otra parte responde a lo que ha venido haciendo el sanchismo con Andalucía. Se da la circunstancia de que en esta candidata confluyen los dos factores en sus máximos niveles imaginables, ni hecha de encargo habría salido peor apuesta.

En la misma semana de la convocatoria electoral, se han viralizado unas declaraciones suyas que dan bastante vergüenza ajena pero que han sorprendido poco a los votantes andaluces y nada a sus compañeros de partido. Sin embargo, la carga grotesca es menos grave que su carga de profundad.

Como la caricatura es autoinducida sería cruel y además muy difícil hacer más daño a María Jesús Montero del que se ha hecho a sí misma. Por consiguiente, nos limitaremos a desbrozar la superficie con la intención de que lo hondo pueda apreciarse con mayor claridad.

Lo de esta candidata no es un problema de autoestima disparada hasta el ridículo. Lo sustancial es la demostración de cómo el narcisismo se ha convertido en un rasgo muy distintivo del sanchismo. En mi opinión, es lógico, después de tanto esfuerzo del líder por construirse un partido a su imagen y semejanza, sólo puede darse una organización con dirigentes igualmente trastornados. Una candidata igual de obsesionada con el reconocimiento y la validación como si nada importase más que ella. Igual de descentrada, de irracional y de incontralada.

Lo inquietante no es el debate de si ella ha sido o no ha sido la mujer más poderosa de la democracia. Daría igual que la expresión fuese cierta, seguiría siendo incorrecta por chabacana y por ser contraria al feminismo al tratar de desempoderar a otras referentes anteriores. Lo grave es que al medirse así misma de esa forma da la talla de su altura política y no sale, desde mi punto de vista, democráticamente bien parada.

María Jesús Montero ha dejado demasiadas pruebas de estar más interesada en el poder que en la política. Por eso los españoles no tenemos presupuestos. Y por eso los andaluces tienen tanto derecho a sentirse traicionados por ella. Es de justicia reconocer que sería mejor candidata en Cataluña que en Andalucía. Tiene tanto apego al poder y tan pocos remilgos para venderse por unos votos que tardaría cinco minutos en poner la Sagrada Familia a saldo a cambio de pactar con Aliança Catalana.

Esa obsesión que yo considero enfermiza con el poder es radicalmente contraria a la vocación de limpio servicio público, sin tacha alguna, que debe mostrar cualquier líder político cuando pide a sus conciudadanos algo tan valioso como su confianza.

Lleva tanto tiempo en esto que sólo piensa en no dejarlo. Y no, no me refiero sólo al escaño en Madrid que contradice la idea de extrema generosidad que quiere vender. Me refiero a que concibe el poder como una forma de vida y no como una etapa en la vida. Ese es el motivo que hace al sanchismo capaz de llevarse por delante lo que haga falta con tal de seguir con los atributos del poder, con el ordeno y mando.

A muchos les parecerá divertido que María Jesús Montero vaya a parodiar 'La vida de Bryan' hasta superarla. A mi resultará triste. La farsa no me hará ni sonreír. Me es indiferente que sea carne de meme a la brasa. Me apena ver al socialismo cayendo tan bajo en un espectáculo que ni siquiera será representación. Ella es así de verdad. Y no puede evitarlo.


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