Incendios: un fracaso esperado
Un incendio forestal necesita una ignición inicial: una chispa o una llama procedente de un rayo, de una barbacoa irresponsable, de unas labores agrícolas mal ejecutadas, de una mano criminal, de una colilla mal apagada o de la caída de un tendido eléctrico pirata que alimentaba un viejo restaurante ya cerrado.
Un incendio forestal necesita, para su desarrollo, vegetación seca y continua. Si no limpiamos los bosques, si olvidamos los cortafuegos, si hacemos desaparecer la ganadería extensiva, si dejamos que año tras año la maleza de todo tipo se acumule alrededor de urbanizaciones, en antiguos terrenos agrícolas y forme una masa continua hasta llegar a zonas de arbolado, estamos proporcionando el combustible que los incendios necesitan para prosperar y convertirse en las tragedias que estamos viviendo. Las razones de este abandono son ideológicas, económicas y políticas. Un ecologismo mal entendido que predica que la intervención humana en la naturaleza es siempre nociva y ha gozado de predicamento en Administraciones de todo rango y condición. Una falta de rendimiento económico de actividades de pastoreo o de aprovechamiento de los residuos forestales procedentes de la limpieza de los bosques. Si algo no da dinero y te dicen que además es malo, se acabó la discusión. Discusión que ni siquiera se plantea en muchas zonas rurales, donde la densidad de población es de las más bajas de Europa.
El bosque se abandona, como todo lo demás. Entre las razones políticas, la constatación, una vez más, de que la ley en España es una mera referencia, no una obligación que cumplir. La Ley de Montes, aprobada por el gobierno de Aznar en 2003, exige la limpieza de los montes a los propietarios y a los ayuntamientos, y delega en las comunidades autónomas la vigilancia para que la limpieza se........
