Juanma Moreno o la revolución de parecer normal
Hay políticos que ganan elecciones y luego está Juanma Moreno. Si uno atiende al sondeo de El Confidencial, la victoria del candidato popular será de las que no admiten matices. Rotunda. Incuestionable. Una de esas victorias que no necesitan relato porque el resultado ya es el relato. A pesar del lógico desgaste tras más de siete años en San Telmo, sigue manteniendo una valoración positiva y un respaldo ciudadano amplio.
En un ecosistema donde abundan los perfiles de laboratorio, diseñados para el tuit y la bronca, él ha construido una imagen de andalucismo templado y pactista. Un perfil que, con sus limitaciones (que las tiene) y claroscuros (véase la polémica sobre la Sanidad andaluza), encaja como un guante en esa "España decente" devenida hoy en rara avis.
Juanma Moreno es el anti-Torrente de la política española: un tipo que no hace ruido, no se desborda, no da titulares de barra de bar. Frente a la 'caspa' política, Moreno vende 'asepsia'. Precisamente por eso, conecta con una España que empieza a sospechar de todo aquel que necesita un micrófono para existir.
Gusta donde hoy casi nadie gusta: en ese terreno pantanoso donde los votantes no llevan la camiseta puesta y se lo piensan dos veces
Su 5,3 de valoración global —ese aprobado raspado que en política equivale a matrícula de honor— es, en realidad, una radiografía sociológica. Moreno gusta en la derecha, resiste en la izquierda y seduce en el centro,........
