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Huele a elecciones: por qué marzo empieza a encajar en los planes de Sánchez

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29.09.2026

Huele a lo que huele. Cuando una anciana atendida por los servicios sociales importa más que miles de ancianas sitiadas y desatendidas en Ceuta; cuando la izquierda intenta convertir el problema de la vivienda en una conjura de Ayuso y los fondos después de una década de gobiernos del PSOE y Podemos/Sumar; cuando el Ejecutivo desempolva la reforma del aborto y la supresión de las injurias a la Corona para volver a hablarle a su votante pata negra; cuando se pone en marcha a toda velocidad Telepedro para debatir de los desahucios y los áticos, pero no de las joyas de Zapatero ni del máster de Begoña Gómez; cuando tantas cosas ocurren, además, en apenas unos días, la explicación más sencilla suele ser la correcta. Huele a lo que huele. Huele a elecciones.

Hay un momento en la vida en el que, por muy resistente y moralmente superior que uno se sienta, los hados te dan la espalda y viene un estudiante de Harvard a ponerte delante del espejo. Una punzante sensación de pérdida de control. Un Gobierno en caída libre a punto de perder los 100 diputados. Ministros y exministros que parecían ser fieles y que empiezan a deslizar críticas al presidente. La Policía, la Guardia Civil y hasta los servicios de inteligencia poniendo negro sobre blanco las corruptelas y mentiras de Moncloa. Hay un día, un instante, en el que, por mucho que quieras aguantar, dices basta.

Sánchez ha repetido que quiere llegar hasta 2027. Y no existe a día de hoy ningún anuncio oficial que indique lo contrario. Pero la política tiene una peculiaridad: mientras los presidentes administran el calendario, los acontecimientos administran a los presidentes. De ahí que empiece a cobrar sentido la hipótesis de un adelanto técnico a finales de febrero o marzo. No habría un momento bueno para convocar elecciones. Habría, sencillamente, momentos menos malos. Y marzo empieza a reunir unas cuantas ventajas.

El primer resorte táctico puede proporcionárselo el Tribunal Constitucional. El Pleno del TC admitió en febrero el conflicto planteado por el Senado contra el Gobierno por no haber presentado proyectos de Presupuestos para 2024, 2025 y 2026. El debate jurídico no consiste tanto en si unos Presupuestos deben aprobarse —la propia Constitución contempla su prórroga automática— como en si el Gobierno tiene la obligación de presentarlos.

Tal y como contamos este lunes, el TC va a dar la razón al Senado en un pleno que se celebrará en diciembre. En el Ejecutivo son conscientes de ello y quieren adelantarse al varapalo judicial. La idea sería presentar unos Presupuestos........

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