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El PP 'tranquilo'

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25.03.2026

Los medios cercanos al PP dicen que las elecciones de Castilla y León han sido el triunfo del "PP tranquilo". No sé cómo pueden estar tranquilos, porque los datos de la comunidad son como para poner a cualquiera en ‘modo urgencia’.

Castilla y León es la tercera comunidad con menor tasa de actividad de España (por detrás de Asturias y Galicia). Tiene menos paro que la media del país, pero no porque haya más trabajadores activos, sino porque hay muchos jubilados. Como se alerta desde la Universidad de Salamanca, se está produciendo un segundo gran éxodo de población: no desde las zonas rurales, sino desde las cabeceras comarcales y las capitales de provincia. Los que se van son sobre todo jóvenes con estudios en busca de oportunidades.

Ver al gobernante de la comunidad, Mañueco, presentándose -y ganando las elecciones- con una opción de carácter ‘tranquilo’ y continuista en medio de esas circunstancias da una idea de la magnitud y dificultad de la tarea de reforma económica y política que tenemos en España.

Una servidora nació en un pueblo de Castilla y León, en Valladolid. El PP llegó al poder autonómico cuando yo salía del instituto de mi pueblo y sigue ahí ahora que ya tengo un hijo trabajando. 39 años en el poder, uno menos que Franco.

La política que ha hecho el PP en Castilla y León durante esas cuatro décadas es de marcado carácter socialista: un partido político voraz que ha sobredimensionado lo público e inundado casi todo. El empleo público (directo) es casi diez puntos porcentuales más que el empleo de la industria. Si se intentase medir toda la gente que depende directa o indirectamente del poder público en Castilla y León se rompería el medidor: funcionarios, agricultores, academia universitaria, turismo rural, cultura, pensionistas, negocios que dependen mayoritariamente de contratos públicos, fundaciones y consorcios públicos y empresas que dependen de sus contratos, fundaciones no públicas pero subvencionadas, personal no funcionario de la Junta, diputaciones y ayuntamientos, asociaciones, prensa dependiente de publicidad institucional y patrocinio de eventos, etc, etc.

Lo público es necesario para corregir desequilibrios sociales y brindar oportunidades. Pero cuando se hace a una sociedad tan dependiente de lo público, se estrangula la iniciativa privada. Se ve en los datos: Castilla y León es una de las únicas dos comunidades autónomas de España que ha tenido fuga neta de empresas todos los años consecutivos desde el 2016 (la otra es Cataluña, por razones obvias). En diez años, con un partido que se supone que es proempresa, ha habido una pérdida neta de 546 sociedades. Y eso que Castilla y León está al lado de Madrid y tiene, por tanto, ventaja competitiva sobre otras comunidades.

El gobierno de Castilla y León no gobierna para transformar y generar oportunidades, simplemente reparte el dinero público (que es lo que el líder del PP llama eufemísticamente ‘gestionar’). Durante prácticamente todos los 39 años de su gobierno, la comunidad ha sido receptora neta de fondos (recibe bastante más de lo que aporta de la caja nacional y también ha recibido muchos fondos de la Unión Europea). Como no hay incentivo político para adecuar los gastos a los ingresos, la generación de recursos no es un objetivo de gobierno: el dinero se ha repartido sin destinarse a transformar la economía, revitalizar la industria y el sector servicios e intentar hacer a la comunidad menos deficitaria. Con los fondos europeos se han permitido renovar castillos, o pagar festivales de flores y circo, como han hecho en mi pueblo. En la campaña electoral, Mañueco ha prometido subvenciones hasta para sacar el carnet de conducir y bonificaciones fiscales para ir al gimnasio. Ni en países muchísimo más ricos que Castilla y León el Estado se permite subvencionar ese tipo de gastos de forma generalizada.

La caída del dinamismo empresarial ha dado lugar a una inevitable caída de la vitalidad social. Como casi todo se hace depender del poder público, el conformismo ha echado raíces. A pesar de que el capital humano de Castilla y León es de los mejores que yo he conocido - gente con formación, seriedad, capacidad de trabajo y con valores - el nivel de ambición colectiva ha caído de forma considerable.

Las opciones para los jóvenes castellanoleoneses que tengan ambición de prosperidad y progreso no son evidentes. Pueden optar por un voto protesta a sabiendas de que no va a cambiar nada (Vox ha rozado el 19% pese a no haber cumplido lo que predica cuando estaba en el gobierno autonómico). O votar con los pies e irse (que es lo que hacen/hemos hecho muchos).

Espero que en algún momento un grupo de ellos se anime a coger las riendas y empujar un programa de reformas que traiga a su comunidad al siglo XXI. Cuando decidan intentarlo, los que seguimos creyendo que Castilla y León puede ser una comunidad activa y próspera, estaremos allí apoyándolos.


© El Confidencial