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Petróleo al alza, bolsa a la baja: ¿turbulencia coyuntural o 'shock' estructural?

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03.03.2026

El viernes, el último barril de petróleo Brent que se negoció en el mercado de futuros se compró a 72,87 dólares. El cierre oficial de ese día fue de 72,48 dólares.

El sábado, la operación Furia Épica orquestada por Israel y EEUU acabó con la vida del ayatolá Ali Jamenei y varias docenas de líderes del país.

El domingo, tres buques fueron atacados en el Estrecho de Ormuz, la arteria por la que circula el 20% del petróleo mundial, y las grandes navieras han confirmado que están buscando rutas alternativas. La prensa financiera internacional lo da por cerrado de facto al tráfico marítimo en estos momentos.

El lunes, todos los ojos se han puesto en la apertura de los mercados energéticos. ¿Cuánto se disparará el precio del petróleo? A las doce de la noche ha llegado la primera respuesta. Los contratos de futuros sobre el Brent en las bolsas asiáticas subieron hasta un 13,65% en los primeros compases de negociación, por encima de los 80 dólares por primera vez desde enero de 2025. A medida que la sesión ha avanzado, las subidas del crudo se han moderado a la mitad, hasta cerca del 7%. Los futuros de las bolsas anticipan caídas del 1% en EEUU.

El incremento de la producción anunciado por la OPEP+ este mismo domingo —unos 200.000 barriles diarios— es más una declaración de intenciones políticas que un mecanismo de corrección del previsible desajuste entre oferta y demanda. La producción de crudo diaria supera los 81 millones de barriles y por el Estrecho de Ormuz pasan 15 millones cada día.

Los analistas que se pronunciaron durante el fin de semana pronosticaban subidas de entre 5 y 10 dólares por barril, aunque no hay que infravalorar la posibilidad de un efecto mayor intradía si el conflicto escala en tiempo real.

En cualquier caso, no va a ser una apertura buena para las bolsas: a la ya habitual maniobra de los inversores en estos escenarios —comprar seguridad y vender riesgo—, una subida del precio del petróleo supone una inyección de inflación en vena para las economías occidentales, lo que complica cualquier bajada de tipos de interés por parte de sus bancos centrales.

Aunque la Fed y el BCE no suelen reaccionar de forma automática a este tipo de subidas de las materias primas, al menos hasta que consideran que hay riesgo de que se trasladen a las expectativas de subidas de precios de los consumidores —los llamados efectos de segunda vuelta—, lo que no van a hacer seguro es bajar los tipos de interés. Incluso si la economía lo empezara a necesitar.

La cuestión de fondo es si estamos ante una turbulencia coyuntural, aunque sea fuerte, o ante un shock energético como el de los años 70, que envió a la economía mundial a la recesión y luego a un largo periodo de estanflación.

Obviamente, la respuesta depende de cómo se desarrollen los acontecimientos en el Golfo Pérsico, algo difícil de predecir en estos momentos. No es lo mismo que el petróleo se dispare a una zona de 80 o 90 dólares el barril que que supere los máximos históricos de 147,50 dólares de 2008.

Y para poder responder a esta pregunta, se despliegan otras variables. No es lo mismo que se reduzca durante unos días el tráfico de petroleros por el Estrecho de Ormuz que si lo hace de forma indefinida y sin expectativa de reapertura.

No es lo mismo que Irán se defienda militarmente atacando bases militares en países vecinos que si destruye su infraestructura energética. Y no solamente la que ahora mismo sirve para transportar petróleo a través del Golfo Pérsico. Arabia Saudí, por ejemplo, tiene un sistema de oleoductos que sortean el Estrecho de Ormuz por el que pueden circular cinco millones de barriles al día. Si esa infraestructura queda destruida, el problema es mucho mayor.

Sin embargo, hay algunos efectos mitigadores que contribuyen a pensar que, tal y como están las cosas ahora, los escenarios más catastrofistas, de ocurrir, no empezarían hasta más adelante.

El primero, los precios del petróleo ya acumulaban una subida del 20% desde el comienzo de año, anticipando en parte este riesgo.

El segundo, el mercado global, con el fin del invierno en el hemisferio norte, entra en un periodo de menor consumo. De hecho, antes de los ataques, la oferta superaba la demanda. El presidente de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, afirmaba hace poco que el mercado estaba bien abastecido.

El tercero, China, el gran rival geopolítico de EEUU, tiene un interés crítico en que la situación no escale. Aunque lleva varios años acumulando barriles de reserva para una situación como esta, el 38% del crudo que circula por el Estrecho de Ormuz va con destino a China, que es el comprador de nueve de cada diez barriles de petróleo iraní. La situación de EEUU es relativamente más cómoda aquí, gracias a la revolución de la extracción de crudo por fragmentación hidráulica, que lo ha situado como el mayor productor del mundo.

Y un cuarto, desde el punto de vista europeo. El euro está en 1,20 dólares en estos momentos. Esto son cerca de 62 dólares por barril. Puesto en perspectiva, ahora mismo el crudo pagado con euros está un 50% más barato que en su pico histórico, los casi 118 euros por barril de junio de 2022, tras la invasión rusa de Ucrania.

Los cerca de tres millones de barriles diarios que produce Irán tienen un impacto relativo. Si dejan de entrar, el mercado lo notará, pero eso no equivaldrá a un shock petrolero. En la práctica, todo dependerá del tiempo que dure la disrupción del Estrecho de Ormuz y, sobre todo, si Teherán opta por la guerra total y ataca la infraestructura energética.

El Gobierno iraní ha negado que haya cerrado formalmente ese enclave estratégico, pero varios buques aseguran haber recibido amenazas por radio si intentan cruzar. En cualquier caso, desde el momento en que las compañías de seguros dejan de asegurar los fletes, eso equivale a un cierre de facto. Ninguna gran naviera se atreve a navegar sin ese tipo de flete asegurado.


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