El orden de los factores que habría evitado el ridículo del Estado en Indra
¿Cuántas operaciones de fusión o adquisición conocen ustedes en las que el comprador suba en bolsa cuando se anuncian? Eso es. Poquísimas. Lo de Indra y EM&E es una de ellas. Integrar ambas compañías recibió el visto bueno de analistas e inversores (algo que no necesariamente va de la mano). Pero lo que era una buena idea a priori ha acabado con un espectáculo impropio de una empresa del Ibex 35, participada, además, por el Estado (por usted, señora), al 28%.
Estamos ante uno de esos casos en los que el orden de los factores altera completamente el producto. Ángel Escribano dimitió ayer de la presidencia de la multinacional.
Y sí. Escribano se ha agarrado demasiado tiempo a la silla y mintió cuando aseguró a los medios a principios de marzo que nadie le había pedido dimitir, generando una volatilidad en la cotización que, en condiciones normales, merecería que la CNMV le echara un ojo. Pero la culpa no es solo suya.
El Gobierno quiere hacer de Indra el pilar sobre el que construir un gran campeón nacional de defensa. Manuel de la Rocha, director de Asuntos Económicos de la Presidencia del Gobierno, el hombre que gestiona para Pedro Sánchez los asuntos del Ibex, tenía varias opciones en enero de 2025 para lograrlo. Eligió la peor de todas. Las cosas fueron sucediéndose así:
Primer paso: nombrar presidente de Indra a Escribano (quien controlaba un 14,3% de la multinacional a través de EM&E).
Segundo paso: Indra y Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) acudirían en alianza a los contratos milmillonarios del Ministerio de Defensa, adjudicados a dedo.
Tercer paso: Indra absorbe EM&E y crean lo que empieza ya a asemejarse a un campeón nacional del sector defensa.
El conflicto de interés entre el paso uno y el paso tres es tan evidente que clama al cielo que De la Rocha no lo viera. Escribano presidiría la empresa compradora, cuya valoración........
