Asimetrías (II)
En el artículo publicado ayer analicé las asimetrías de naturaleza geográfica y de la economía de la guerra en relación con el conflicto de Irán, y continué con el análisis del estado de las alianzas de Estados Unidos e Israel. Procede referirse ahora al de las alianzas iraníes para extraer conclusiones sobre dónde radican las asimetrías en este punto, así como las que se disciernen en lo tocante a objetivos y frente interno. El artículo concluye con unas consideraciones sobre la interacción entre todas ellas.
Las alianzas más informales de Irán con China y Rusia se han mostrado más resilientes de lo que cabría haber esperado. El apoyo diplomático ha sido visible. También el económico, pues China ha seguido comprando el crudo iraní, al menos hasta que Estados Unidos decidiera el doble cerrojo del estrecho de Ormuz. Mucho más discreto habría sido el supuesto apoyo en el ámbito militar según fuentes abiertas: por parte rusa, a través de sistemas de navegación por satélite para aumentar la precisión de los misiles iraníes; por parte china, facilitando imágenes satelitales para revelar instalaciones y movimientos militares de estadounidenses e israelíes.
Sean o no ciertas estas informaciones, uno de los resultados de la cumbre Trump/Xi podría ser un compromiso chino de apoyar de modo decidido el esfuerzo mediador de Pakistán Se produce además la paradoja de que la continuación de la guerra favorece a ambos países al tiempo que les perjudica en la medida que la crisis económica global también les afecta, especialmente a China. Rusia, en cambio, se está beneficiando de la subida del precio del petróleo y del gas para financiar su esfuerzo bélico en Ucrania, favorecido además por el levantamiento de las sanciones norteamericanas sobre el petróleo ruso. La erosión del sistema de alianzas estadounidense aprovecha tanto a Rusia como a China.
Los objetivos que se fija un país al iniciar una guerra son clave para juzgar su éxito o fracaso. Cuanto más ambiciosos sean, o más numerosos o cambiantes, más difícil será su logro, y viceversa. Están además condicionados a que se trate de una guerra de elección o de necesidad. Cuando un país es agredido, defenderse es una necesidad y el único objetivo es sobrevivir, ya sea el país o al menos el régimen: aquí la ventaja iraní fue grande desde el inicio. Para Estados Unidos la guerra ha sido de elección, opinión que incluso han reconocido públicamente destacados dirigentes del ámbito de seguridad, como el dimisionario Joe Kent, exdirector del Centro Nacional Antiterrorista. Por ello era tanto más importante anunciar unos objetivos claros y alcanzables, lo que no ha sido el caso.
Por lo que hace a Israel, la percepción de lo que se juega en esta guerra está más próxima a la de Irán que a la de Estados Unidos. Es comprensible que Israel, además del objetivo de la destrucción del programa nuclear, se haya fijado el del cambio de régimen. De lo anterior no se deduce, sin embargo, que se tratara de una guerra de necesidad para Israel: son hechos objetivos que Israel inició los ataques junto a su aliado estadounidense el 28 de febrero escalando vertiginosamente el conflicto al matar al líder supremo, y que los ataques sucedieron cuando estaban en curso negociaciones entre Irán y Estados Unidos sobre el programa nuclear de aquél.
Es natural que Israel considere como una amenaza existencial que un régimen que persigue su erradicación pretenda obtener el arma nuclear, pero también es evidente que existe una vía........
