Sánchez, un pato cojo atrapado en la matrioska ceutí
En política hay muchas formas de morir. Una de ellas es dejar de tomar decisiones, asumir tu propia irrelevancia, entender que tu reino ya no es de este mundo. Algo así le está empezando a pasar a Pedro Sánchez. Por eso el 31 de julio se fue de vacaciones después de decir que la crisis de Ceuta era un ataque a la integridad territorial; y empezó a delegar decisiones importantes. El error, más allá del hecho de desaparecer, ha estado en quién o quiénes han asumido el mando en las seis semanas de crisis, porque Pedro Sánchez solo hay uno. Alguien que conoce muy bien al presidente y que ha trabajado muy mano a mano con él lo explica con claridad: "No le reconozco. El Pedro que yo conocía habría convertido Ceuta en un revulsivo para su Gobierno y le habría robado la bandera de España a la derecha y la ultraderecha. No hay nada más españolista que un ceutí. Pero Sánchez está ausente, está noqueado".
El presidente del Gobierno está en una situación límite y está empezando a padecer el síntoma del lame duck, del pato cojo: un gobernante que sigue formalmente en el cargo, pero cuyo poder efectivo está muy debilitado porque sabe que su mandato está próximo a terminar. A la retahíla de problemas acumulados desde el 23J se van sumando nuevos golpes, algunos sintomáticos: el desgaste emocional por la condena al hermano; la epifanía que ha llevado a su mujer a cambiar una defensa política y victimista, por otra profesional; y la cercanía de la imputación de su partido como persona jurídica, que a su vez acerca la posibilidad de su propia imputación y la consiguiente petición de un suplicatorio. ¿Cabe mayor humillación? Y en este suma y sigue irrumpe........
