La regeneración es la alternancia: políticos de 2014, váyanse
Nunca se reconocerá a José María Aznar su decisión de no presentarse a las elecciones en 2004, cuando las encuestas le eran favorables, y de autoimponerse una limitación de dos mandatos que no está en la Constitución española, aunque sí en las buenas prácticas de las grandes democracias liberales. Fue una última gran aportación a la salud del sistema surgido del pacto constitucional, tal vez la última.
He escuchado recientemente una entrevista de Irene Montero en la Ser en 2017: “Nosotros siempre hemos estado de acuerdo no solo en la limitación de mandatos del presidente, sino de todos los diputados y diputadas”. Y aquello ya algo manido de Gabriel Rufián en El Nacional en 2015: “No hay plan B: 18 meses en el Congreso; ni un día más”. Ellos son los dos mejores representantes de lo que Ramón González Férriz llama “la nueva generación tapón de la izquierda radical”. Montero y Rufián, pero no solo.
Recojo el guante de Férriz porque, llegados a este punto de sanchismo y antipolítica, conviene profundizar en la generación de líderes que surgió en España en 2014 y 2015 y extraer algunas lecciones. En ese grupo también hubo modelos que han sabido irse en línea con el compromiso adquirido por Aznar. Y urge hacerlo para pedirles a los que se resisten que se vayan, que dejen paso, que ya está bien, que no se hagan más daño y que dejen de maltratar el sistema. Su tiempo ya pasó, y han entrado en un juego diabólico y peligroso, que es la aplicación de la experiencia adquirida a la supervivencia política. Por encima de todo y de todos. Tienen oficio, se las saben todas, pero no hacen política con mayúsculas.
Repasemos aquella generación de políticos tan........
