Supermercados públicos para pobres
Que la frivolidad se ha convertido en ama y señora de la escena política es una realidad. La epidemia es tan severa que incluye a aquellos servidores públicos que se pretenden habitualmente serios y procuran no pisar más charcos que los inevitables. Le ha tocado el turno ahora a Jaume Collboni, alcalde de Barcelona. El primer edil de la capital catalana ha estado en Nueva York venerando a la nueva esperanza blanca de la izquierda occidental, Zohran Mamdani. Ya sabemos de la proverbial afición de los políticos españoles de todo rango, responsabilidad y tendencia por vestir a la moda que marcan los índices de popularidad mundiales. Todos quieren estar en la pandilla del guapo de su clase, arrimarse a los árboles que dan temporalmente sombra.
Reunirse con Mamdani no es una frivolidad. A fin de cuentas, gobierna una macrociudad y el intercambio de puntos de vista siempre es enriquecedor para todas las partes. Pero sucede que una simple foto a veces se considera insuficiente para acreditar que uno es "uno de los suyos". Si te abre las puertas del despacho una superestrella de la política que despierta fascinación en un nicho ideológico en el que tú también quieres competir, has de dejar claro que estás entre los elegidos, que también estás ungido. Que tú eres en cierto modo su reflejo en el espejo.
El anuncio de Jaume Collboni de copiar la iniciativa del alcalde de Nueva York referida a la apertura de supermercados intervenidos desde la administración municipal para que los precios sean más asequibles que en otros comercios, responde a esa necesidad sentida de que resulta conveniente subirse a la ola mamdanista. La........
