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Los cordones sanitarios los carga el diablo

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08.09.2026

El cordón sanitario a una formación política tiene en política la misma utilidad que tuvo durante algunos tramos de la pandemia la obligación de llevar mascarilla para ir por la calle y sacársela para entrar en los bares. O sea, ninguna. Cosa distinta es que, a pesar de ser conocedor de la inutilidad de una prescripción, uno se empeñe en seguir recomendándola.

Un ideario político puede gustar más, menos, mucho o nada. Y su concreción en un programa electoral, exactamente lo mismo. Pero si la legislación permite la participación de unas siglas en el juego electoral democrático, establecer un veto total y absoluto sobre sus cargos electos y sus votantes acostumbra a tener a la larga más contras que ventajas. A partir de cierto porcentaje de voto, la cosa ya adquiere tintes paradójicos, como el de salvar la democracia agrediéndola. Para no repetir argumentos, basta con leer el artículo que ayer firmaba Ramón González Férriz en este periódico: "Si no nos gusta la derecha radical, cambiemos de estrategia".

Interesa particularmente la reflexión en clave española de lo sucedido en Alemania con su cordón sanitario, el Brandmauer. Aquí no existe este cordón con Vox. Sólo está operativo de manera radical en Catalunya y aplicado a Aliança Catalana.

Aunque la derecha radical acaba atrayendo votos de todos los acuíferos, en primera y segunda ronda acostumbran a morder a quienes comparten vecindad en el eje ideológico. En el caso español, Vox es ya una amenaza seria para todas las formaciones, pero el flanco principal que no dejará de vigilar nunca es el del PP. En el caso de Aliança Catalana, esa posición la juega........

© El Confidencial