La camorra y la estrategia del PSOE con Aldama
No miren la luna, sino el dedo. No hablen de Ábalos y Koldo, háganlo de Aldama. Esta fue la indicación que ayer trasladaron la Moncloa y Ferraz tras hacerse pública la sentencia del Tribunal Supremo sobre el caso Mascarillas. La portavoz del partido, Montse Mínguez, y el ministro de Transportes, Óscar Puente, fueron los encargados de activar las bombas de humo para minimizar los daños del fallo de la Justicia en las filas socialistas. Los arietes a los que acabaron sumándose otras voces en la misma línea, políticas y mediáticas.
Veinticuatro años de cárcel para Ábalos, exsecretario de organización del PSOE, mano derecha de Pedro Sánchez y monarca de las inversiones como ministro de Transportes. Diecinueve años para Koldo, el hombre sin oficio ni beneficio al que auparon a lo más alto de las redes de influencia del Ejecutivo. Y lo que intentó el aparato de propaganda oficial es que la conversación pública quedase varada en los beneficios legales que le ha reportado a Víctor de Aldama interpretar con voluntad y acierto La Traviata.
El PSOE trata de aprovechar de este modo la única rendija del caso en la que puede hacer pie para mantener viva la idea de que no hay caso en los tribunales que afecte sus intereses, incluso uno tan pornográfico como el recién fallado, que no deba situarse bajo la lógica del lawfare o de la animadversión manifiesta hacia Pedro Sánchez y su Gobierno. Que Aldama no deba ingresar en prisión y no deba abonar la multa que pedía para él la Fiscalía formaría parte de este segundo bloque.
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