La historia, como los fármacos, en dosis: de Juan Francisco Fuentes a Jordi Canal
¿Cómo aprender del pasado? Leyendo, obviamente. Estudiando, por supuesto. Pero no ya afrontando el desafío de grandes relatos, libros interminables de centenares de páginas, textos crípticos y sin conexión con lo que se vive, con lo que ocurre. El cambio en el conocimiento de lo que fue y, a veces, regresa está siendo sustancial. Los historiadores más perspicaces apuestan tanto por el relato histórico como por su interpretación, superando la redacción lineal y cronológica. O sea, desentrañan las causas, el contexto y las consecuencias de hechos pretéritos que alcanzan a la actualidad. Lo hacen, además, en textos cortos, asequibles para el tiempo rápido, casi fugaz, en el que vivimos. Absorben la atención sin el abuso de ese reto de "rusificar" sus relatos en un pasar interminable de hojas impresas. Existen, eso sí, salvedades valiosas, libros de gran extensión que se leen con fruición. Ocurre con El hervidero, de Simón Sebag Montefiore, una historia de Oriente Medio verdaderamente apasionante que el autor conduce magistralmente, como otras suyas anteriores. O con Los pilares de la historia del catedrático Javier Fernández Sebastián que recorre las ideas y relatos que han moldeado nuestro pasado en un libro monumental, pero también muy distinto, muy singular.
Sin embargo, la recopilación de artículos y ensayos breves es un recurso idóneo para compendiar una obra, reunir muchas temáticas, dejando que sea el historiador el que vertebre y dote de coherencia al conjunto. Es lo que han hecho, en distinta forma, pero acaso con similar propósito, dos grandes historiadores españoles: Juan Francisco Fuentes y Jordi Canal ambos conocidos autores de los lectores de ElConfidencial porque los dos se acercan sin reticencias a los medios, hablan con los periodistas y se pronuncian, desde su experiencia, sobre lo que acaece, y lo hacen con claridad y hasta........
