"Soy el Gobierno y estoy aquí para ayudar" y, de repente, regresa Fernando Simón
Este Gobierno no pierde oportunidad para demostrar que, sobre su ya conspicuo sectarismo, está integrado por una buena parte de ministros incompetentes que, además, mal gestionan sus responsabilidades en un marco ideológico de confrontación, como expresión temperamental del populismo al que están abonados. En este caso, la crisis por el hantavirus ha devuelto las peores sensaciones sobre la gestión de emergencias trágicas anteriores, sea la crisis de la pandemia (los decretos del estado de alarma, declarados inconstitucionales; la invención estéril de la cogobernanza con las comunidades autónomas; el enfrentamiento, en momentos dramáticos, con los gobiernos territoriales), sea la del volcán en Canarias (siguen pendientes ayudas que se prometieron y no se han prestado todavía), sea la riada catastrófica en Valencia (que destrozó los cimientos del Estado autonómico), sean los incendios forestales del pasado mes de agosto (peloteo de atribuciones entre administraciones públicas) sea la tragedia ferroviaria de Adamuz (todavía sin depurar responsabilidades políticas y, eventualmente, penales), sea, en otro orden de cosas, el cero eléctrico del año pasado (siete fallecidos y más de 1.200 millones de euros en daños de diferente naturaleza, sin determinación oficial y/o judicial de la causa del apagón). Y la incompetencia conduce, como es el caso, a propiciar una enorme burbuja de alarma desquiciada. Como dijo el presidente Reagan, las nueve palabras más terroríficas en lengua inglesa son estas: "Soy el Gobierno y estoy aquí para ayudar".
No siempre las malas gestiones de crisis tienen que ver con los criterios ideológicos de sus responsables. A menudo, su deficiente comportamiento concierne a la falta de preparación técnica de los ministros. El caso paradigmático es, a propósito de este episodio del hantavirus, el de........
