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Ttipi-ttapa, korrika

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04.04.2026

Ttipi-ttapa, ttipi-ttapa es una onomatopeya en euskera que recrea el sonido de los pasos ligeros y constantes al caminar o correr. Así, paso a paso, es como la izquierda abertzale se está haciendo con el control político y social de Euskadi.

No es una cosa de los últimos meses ni de los últimos años, es un fenómeno que empezó hace décadas y que se basa en la extorsión, el señalamiento y la violencia contra quienes se opongan a su proyecto totalitario.

Se calcula que fueron en torno a ciento ochenta mil los vascos los expulsados de Euskadi por la violencia terrorista. Mayoritariamente eran empresarios de distinta envergadura y sus familias, también muchos profesionales cualificados que se sintieron amenazados por el fenómeno violento y todo lo que lo acompaña: un conjunto social que intimida, arrincona y estigmatiza.

No fueron solo las personas asesinadas o extorsionadas, también muchas otras a las que se amenazó con aplicarles las mismas fórmulas de hostigamiento y se les hizo sentir mal, incómodas, rechazadas por la sociedad a la que pertenecían. En su mayoría dejaron Euskadi tras siglos o milenios de arraigo en tierras vascas.

Esto condujo a un importante empobrecimiento de la economía vasca. Los inversores se mudaron a otros lugares de España y el capital humano también buscó refugio en otros sitios en los que no se les señalara por disponer de dinero, por sentirse españoles o por defender un modelo político ajeno al nacionalismo obligatorio con el que arrancó la democracia y el establecimiento de las instituciones vascas.

La población del País Vasco es ahora de tan solo cien mil habitantes más que hace cuarenta años. En el mismo periodo, el conjunto de la población española ha crecido en más de doce millones. Si no fuera por la inmigración extranjera, la población de Euskadi hubiera descendido sustancialmente.

Lógicamente, el Producto Industrial Bruto ha descendido también. Se cifraba en 7,4% el valor que tenía la productividad vasca en el conjunto español al inicio de la democracia, hoy se ha rebajado hasta el 5’7%.

El final de la amenaza terrorista solo ha resuelto parte del problema, los vascos siguen teniendo menos peso en la población española y también en su economía. El declive no ha terminado.

A su vez, tampoco ha parado el flujo de vascos que marchan a otros lugares de España. La entrada de población española en Euskadi no compensa el flujo de salida. Residir en el País Vasco representa una dificultad añadida por cuanto la escolarización en euskera, así como su exigencia laboral en el sector público, complica el natural trasvase de profesionales, hecho que se advierte especialmente en los sectores más demandados, como es la sanidad.

Los vascos siguen saliendo del País Vasco y los que se quedan aquí advierten que la tensión social no ha desaparecido. Las amenazas a la policía vasca, su marginación de la sociedad, es acompañada con el hostigamiento a representantes políticos de todo signo. Si en otro tiempo fueron los líderes del centro derecha y del Partido Socialista, hoy son los alcaldes del PNV sobre los que se hacen pintadas, son señalados y se desacreditan ante la sociedad.

En Guipúzcoa, el noventa por ciento de los alcaldes son de Bildu o de plataformas de izquierda nacionalista radical. No es posible encontrar tal desproporción en ningún lugar de España ni creo que en ningún otro país democrático. El crecimiento de las mismas siglas en Álava es también desconcertante y Vizcaya sigue el mismo camino pese al protagonismo que aún mantiene el PNV.

Sin duda, es una anomalía. Una anomalía fruto del ttipi-ttapa con el que el fanatismo abertzale ejerce su labor de incomodar a los representantes políticos de otras formaciones. Una pintada amenazante, una reunión resuelta en gritos y amenazas, concentraciones populares para hostigar al objetivo.

Así se desarrolla el proceso de exclusión hacia quienes no piensan del modo que conviene al proyecto totalitario.

Mientras, el PSOE alimenta la estrategia normalizando a sus socios de Bildu y cargando contra su adversario, el PP. El PNV, permanece siguiendo la estela del PSOE y alimentando el discurso de la izquierda con su respaldo a toda su agenda, al mismo tiempo que evita confrontar con Bildu para evitar las tensiones que los otros buscan, en definitiva, dando pasos atrás.

Ttipi-ttapa, ttipi-ttapa, la korrika ha ocupado durante once días las calles y carreteras de Euskadi portando banderas de la izquierda, proclamas de amnistía y retratos de presos de ETA. Mientras, las instituciones alentaban y contribuían a llenar la manifestación liderada por Bildu.

Así está ocurriendo en el País Vasco, la izquierda más radical se ha hecho con la calle con la complacencia del PNV y del PSOE, que aplauden a su paso, alientan su marcha y animan a quienes ya los están desalojando del poder y están estableciendo un sistema de control social que da muestras evidentes de ser una anomalía en un país democrático.


© El Confidencial