Zapatero, se acabó la baraka
Anda el personal fanatizado, engañándose con el consuelo sentimental del 'no puede ser, José Luis no es así', y no se dan cuenta de que el lobista caído ya no tiene ninguna salida buena. Sólo puede elegir entre lo malo, admitir la culpa, y lo peor, que es arriesgarse a una condena que se lleve por delante a sus hijas y puedan acabar en la cárcel. Todo el mundo en un Estado de derecho como el nuestro -aquí no hay 'lawfare', zoquetes- conserva la presunción de inocencia hasta que no existe una sentencia firme, pero entre los acusados de delitos tan graves, la instrucción del caso es determinante en el resultado final.
No se trata de una condena anticipada, por supuesto, pero la decisión de tres de los principales imputados de confesar ante el juez la comisión de los delitos cierra un círculo imposible de salvar: unos policías investigan unas actuaciones que consideran delictivas, un fiscal lo ratifica, un juez confirma la existencia de posibles delitos, y varios acusados acaban confesando que todo lo anterior es cierto. Ese círculo acaba convertido en laberinto.
Dicho de otra forma: hoy sería imposible que Zapatero pudiera repetir ante el juez Calama, de la Audiencia Nacional, su declaración de hace un mes. Ya no le valdría escudarse en el "no recuerdo", porque hay otros testimonios que le pueden refrescar la memoria, ni tampoco podría decir que cobró por informes de asesoramiento, porque quien le pagó por esos informes ha asegurado que no eran reales. Y, por supuesto, tampoco le vale de nada intentar refutar el procedimiento, solicitar la nulidad de los mensajes que le implican porque, aunque se invalidaran como pruebas, su contenido ya está incorporado a la causa a través de la confesión de los inculpados que han........
