Reconocimiento de hodio a Óscar Puente
Hodio a Óscar Puente. Lo digo y lo suscribo para que así conste, a los efectos que puedan derivarse de esta confesión, con total sometimiento a las instancias oportunas del Gobierno de España, creadas para estos casos. Este sentimiento ni se puede ocultar ni se debe disimular: 'hodio a Óscar Puente' y se escribe con hache, aprovechando el neologismo que ha impulsado el presidente Pedro Sánchez, para dejar claro que no tiene nada que ver con el odio habitual, humano, ese sentimiento que es ciego como el amor, como tantas veces se ha cantado. "Si juzgamos el amor por la mayor parte de sus efectos, se parece más al odio que a la amistad", como dijo un poeta francés en una de las múltiples citas que equiparan el fuego extremo de la naturaleza humana. Pues nada de eso. Este hodio a Óscar Puente es de hartazgo, de aburrición, de empacho. Todos somos conscientes de que en los partidos políticos existen estos especímenes cuya única misión en la vida es la crear follones, aventar crispaciones, atraer enemistades y provocar irritaciones. Eso se da por descontado y, en esa labor, Óscar Puente tiene acreditada su fama de jabalí, siguiendo la catalogación de diputados que, como recordamos siempre, dejó inscrita Ortega en ese mismo Congreso de los Diputados: "sobre todo hay tres cosas que no venimos a hacer aquí, ni el tenor, ni el payaso ni el jabalí". Este hombre de Valladolid, que fue alcalde, debería ser, sin más, un 'portavoz jabalí', que lo haría muchísimo mejor que el irrisible Patxi López, la carrera política descendente más brillante del país. Pero ministro, no… Que Óscar Puente sea un 'ministro jabalí' es lo que lo descompone todo. Tanto le ha perdido el respeto al cargo que ocupa que nadie en España será capaz de reconocerlo como gestor, que es por lo que se le paga, aunque lo haya olvidado hace tiempo. Que siga cobrando por ser ministro es una forma de fraude político.
Los decibelios que ha alcanzado su última polémica con la ciudad de Málaga nos hablan ya de un político desatado, desbocado, contraproducente incluso para los intereses de su propio partido que, en un par de meses, tiene que afrontar unas elecciones autonómicas en la comunidad más poblada de España. El breve resumen de acontecimientos es el siguiente. El desgraciado 18 de enero se produce el accidente de Adamuz y, durante un mes, se interrumpe la conexión ferroviaria entre Madrid y Andalucía. Cuando se restablece un mes después, la línea de Málaga permanece cortada porque, además de todo, las lluvias torrenciales del mes de febrero han provocado el desplome de un talud a la altura de Álora. Eso ocurrió el 4 de febrero, pero apenas tiene relevancia hasta que los periódicos de la capital malagueña comienzan a publicar reportajes en los que demuestran, con fotografías sobre el terreno, que sólo estaban trabajando un camión y una excavadora "en la impresionante montaña de barro que colapsa la vía". Sólo a final de mes, el 27 de febrero, empiezan los trabajos a jornada continua de 24 horas. Lo que se dice entonces es que la obra estará terminada el 23 de marzo. Pero no, esta misma semana se ha pospuesto un mes más el restablecimiento de la conexión férrea, hasta finales de abril. Todo el mundo puede entender la complejidad de una obra así y la necesidad de garantizar la seguridad de ese tramo de vía, pero lo que es más difícil de entender es que para llegar a esa conclusión técnica se tarden dos meses. El dictamen técnico de la reparación de un muro de carga, como el que se desplomó en Álora, no debe ocuparle a los ingenieros más de una semana. Con lo cual, es comprensible que los malagueños se sientan engañados, olvidados o minusvalorados.
La Costa del Sol, no será necesario enfatizarlo, es uno de los mayores destinos turísticos de España, un sector que ocupa a 152.000 personas y que el año pasado, 2025, alcanzó cifras de récord histórico, con más de catorce millones y medio de turistas y un impacto económico de 21.811 millones de euros. Es decir, que lo normal en estas circunstancias es que todo el mundo en Málaga, en Marbella, en toda la Costa del Sol, se haya sentido maltratado. Es evidente. Por eso, cuando se ha conocido el nuevo retraso, toda la sociedad ha explotado. Más aún cuando, en la rectificación de la nueva fecha, lo que ha incluido el Ministerio de Óscar Puente es que cuando se restablezca el servicio a finales de abril, no lo hará de forma completa, sino paulatinamente hasta final de 2026. Es decir, que la Costa del Sol estará un año entero sin que la alta velocidad funcione con normalidad. Sucede, además, que no ha sido la única polémica de este ministro con Málaga. Hace dos años, cuando le reclamaron que impulsara el tren de la Costa del Sol, desde Nerja hasta Algeciras, Puente lo despreció, con su desdén arrogante habitual: entonces le dio por decir que ese trayecto no resulta "nada competitivo" y que no existía "ni un solo papel" que lo justificara. Desde hace décadas se están elaborando informes de esa conexión en la Costa del Sol, la estimación es que supere los 60 millones de viajeros anuales y siempre se repite que Marbella es la única localidad de 175.000 habitantes sin estación de tren. Todo eso es sabido, pero a Puente le pareció chacota al principio.
En ese ambiente de crispación, el 'ministro jabalí' le dedicó toda la mañana del pasado jueves a poner a parir a todo dios en Málaga, con insultos groseros como "mamporreros" o "buleros", estos últimos dedicados a los periodistas de Málaga que, según le dijo a alguno de ellos, no son merecedores de "ningún respeto" por su parte. Todos los colectivos profesionales que han salido a defender a los suyos, empresariales o periodísticos, han merecido la misma desconsideración de "plataforma" de la derecha o de la ultraderecha, cuando ni directamente fascistas. Sobre las parrafadas que le ha dedicado Óscar Puente al presidente de la Junta de Andalucía no es necesario ni detenerse en ellas. Pero ha sido algo tan ridículo como defender a Renfe diciendo que los problemas de la Sanidad pública no se deben a los trenes. A poco que lo intente, al ministro se le ocurrirá decir otra vez que "el tren vive en España el mejor momento en su historia" y que a él le piden la dimisión "porque lo hago muy bien". Con lo cual, lo dicho antes: este desvarío ya no se soporta más. La raíz etimológica de la palabra 'ministro' proviene del latín, "minister, -tri ‘criado, servidor', 'subordinado", que bien podemos traducir como un ‘servidor público’. El hodio a Óscar Puente empieza justo ahí, en la chulería de la que se pavonea, sin las dosis mínimas de humildad que requiere un cargo público en una democracia. Este tipo cansa, hastía, exaspera. Tendrían que pararlo ya o colocarlo en el lugar de follonero que le corresponde. Que siga bufando, pero no como ministro de España.
